PUES VOTEMOS

Pues venga. Vamos a votar. Pero no sean tan cansinos y hombre, ya puestos, si tan bien les parece que se voten las cosas que pide el pueblo, pongamos las urnas en las calles para que los españoles nos pronunciemos sobre todo aquello que nos pete.
Yo, hasta hace poco, estaba hasta el testículo izquierdo del tema este de la consulta soberanista en Cataluña. Ahora ya estoy hasta ambas pelotas de la sensación de que los que apoyan la consulta son los demócratas y los que no la apoyan los liberticidas. A mí, en esencia, no me parece mal lo de la consulta. Oye, que voten. Pero claro, depende. Porque aquí no se trata simplemente de votar. Hala; estos votan, sale el SÍ a que Cataluña sea un Estado y además independiente. ¿Y qué hacemos? Porque, si ganan por los pelos, los independentistas lo van a tomar como una victoria democrática en toda ley (mitad más uno). Si ganan por abrumadora mayoría, será la reclamación radical de un pueblo. Pero ¿Y si pierden por los pelos o empatan? ¿Va a haber aquí una marcha atrás en esta deriva enloquecida en la que nos ha metido Mas? Indudablemente, no.
Porque en todo esto de la consulta, no se trata de ejercer un supuesto derecho a decidir, se trata de darle apariencia de legitimidad democrática a una reclamación en la que, al fondo, se ve una lucecita que pone INDEPENDENCIA. Y eso es algo sobre lo que todos los españoles ya decidimos; votamos SÍ no hace tanto tiempo, en 1978, a una Constitución aprobada por la inmensa mayoría de los votantes. Lo malo es que estos que proponen que se vote quieren ciscarse en lo que pactamos todos y, ya sin tapujos, sueltan cosas como lo que dijo el otro día a El Mundo el líder de ERC Oriol Junqueras: “ha llegado la hora de saltarse las leyes españolas”. Amb dos collons. Dice Junqueras que, si gana el NO, aceptarán democráticamente el resultado. Pero ¿Cómo nos vamos a creer que asuman nada, si no aceptan que el Estado actual proviene de un texto legal que fue votado masivamente por los españoles?
Porque claro, a Junqueras, a Mas y a todos los que nos han metido en este callejón sin salida, se les llena la boca de democracia y piden que se deje hablar al pueblo, y que se escuche la voz mayoritaria y tal y tal. Pero, coño, pues si hay que escuchar la voz mayoritaria, ¿Saben cuánta gente cambiaría la ley electoral española para reducir el poder de los partidos nacionalistas? Millones. ¿Por qué no hacemos una consulta sobre el Estado de las Autonomías? ¿Quieren saber cuántos españoles mandarían a esparragar el actual sistema autonómico? Según las encuestas, en torno al 50 por ciento de los votantes. Y echando un vistazo a algunas encuestas que he leído últimamente, millones de españoles reducirían los derechos de los que profesan la religión musulmana y prohibirían la construcción de mezquitas en España. Y no sólo eso; uno de cada tres jóvenes recuperaría la pena de muerte y casi la mitad de los españoles impondría la cadena perpetua para determinados delitos.
Y ¿qué hacemos? ¿Como son cosas que reclama el pueblo, hacemos una consulta para comprobarlo? Pues no. Porque nuestra constitución consagra un sistema electoral y un estado autonómico que ha sido generosamente ampliado a lo largo de los años, establece la igualdad ante la ley sin distinción de confesión religiosa e hizo desaparecer de España la pena de muerte y la cadena perpetua. Y si surge alguien que quiera que alguna de estas cosas cambie, tendrá que seguir los cauces legales para hacer todas estas reformas y no liarse a poner urnas por las calles para que el pueblo soberano se manifieste.
En fin. Qué pereza. Porque a mí, en el fondo, todo esto me provoca cierta envidia. Me refiero a ese sentimiento patriota que mostraron unánimemente el millón y pico de catalanes que hicieron la V en la diada. Porque en España, uno sólo puede manifestarse patriota sin que le tilden de facha, si dice que se siente andaluz, catalán, vasco o gallego. Si dices que te emociona tu himno, que te apetece hacer algo por tu país o que morirías por defender de una invasión exterior a tu patria, que es España, te conviertes en un filofascista peligroso. Por eso el otro día paseando con mi mujer y mis hijos por el centro de Madrid, me resultó curioso y triste ver lo escondido que está el Monumento a los Caídos por España de la Plaza de la Lealtad. Para empezar, están cerradas las puertas, con lo que hay que verlo desde lejos. Para continuar, está en un estado de descuido notable y da la sensación de que casi es mejor que no se vea mucho. Fue un monumento que se erigió en 1840 para honrar a los que murieron defendiendo España de la invasión francesa en 1808. ¿Saben lo que pone en uno de los laterales del monumento? Lo fotografié para ponerlo en el blog: es una frase de esas grandilocuentes que, vista hoy, estoy seguro de que le daría tremenda vergüenza leer en voz alta al 90 por cien de los españoles y que, sin embargo, proclamaría con orgullo cualquiera de los que el otro día pasearon la estelada por Barcelona: “HONOR ETERNO AL PATRIOTISMO”. Insisto en que, como diría Woody Allen, no tengo ninguna gana de invadir Polonia, pero, qué quieren que les diga, me dan envidia estos muchachos.
MONUMENTO CAÍDOS