SPANISH SHOURISO

Hace unas semanas, me encontré en los toros en Las Ventas con un turista norteamericano con el que pegué la hebra. Mientras me preguntaba cosas de la Lidia y del país, me iba contando su vida y me dijo que tenía en Texas una fábrica de productos cárnicos y que, entre otras cosas, hacía “spanish shorisou”. A mí me hizo mucha gracia cómo lo dijo y, al verme reír, me contó que varias personas le habían hecho notar que lo de “chorizo”, en España, no siempre era un embutido. Y hoy, millones de españoles, damos fe.
No me gusta poner a parir a mi país, y mucho menos, delante de una persona que viene de fuera. Poniendo cara de circunstancias, tuve que explicarle que hay escándalos, pero que no siempre es así, que no todos los políticos son iguales. No sé. Me sentí igual que Rajoy ayer y anteayer diciendo que intentemos “no dar la imagen de un país sumido en la corrupción, porque no lo es”. Y ahí me cabreo. Porque, claro que no lo es. Sólo faltaría que todos los políticos fueran corruptos. Pero es desoladora la sucesión, en los últimos días, de noticias sobre casos de corrupción que afectan a casi todos los partidos.
Hoy estamos todos los españoles dándonos golpes en el pecho. Las diversas merdés de la supuesta financiación ilegal del PP, la presunta trama corrupta de Madrid en torno a Granados, la cuenta suiza del alcalde de Barcelona denunciada por El Mundo*, lo de la posible estafa de Joaquim Nadal… han hecho que la olla estalle. Pero sólo un poquito. Porque estamos muy cabreados, pero “oye, ¿qué le vamos a hacer? ¿Quemamos Génova?” “No, claro. Si no va servir de nada y encima, por tirar un ladrillo te puede caer una condena mayor que la de cualquiera de los corruptos que se lo llevan así como sin querer”. Conste que no estoy en plan Podemos convocando a la lucha callejera, pero en esa aceptación y olvido de las marranadas de nuestros políticos hay escondida una verdad que a mí me entristece tremendamente; nosotros no les mandamos a la mierda. Les seguimos votando. Desde hace décadas hemos visto robar a manos llenas a PP, PSOE, CiU y a quien haga falta. Y les hemos escuchado ir proclamando, con toda la desfachatez del mundo, lo malos que son los de enfrente levantando el índice de una mano, mientras, con la otra mano, están tapando la enorme cantidad de mierda que tienen debajo en sus propios partidos. Así, a bote pronto, sin hemerotecas, me acuerdo de Juan Guerra, Filesa, el BOE, las comisiones del AVE, la Reprivatización de Rumasa, Luis Roldán y el Ministerio de Interior al completo, caso Naseiro, el Tamayazo, las escuchas de Valencia, la Gurtel, Bárcenas, la caja B del PP, los ERES de Andalucía, las comisiones del 3% en Cataluña, los millones de los Pujol… Y eso por no hablar de las chorizadas en TODAS las cajas de ahorros habidas y por haber. Nos descojonamos en los 80 con los 100 años de honradez del PSOE. Luego vimos al PP llegar al poder en el 96 con la bandera de la limpieza, más tarde vino ZP a arreglar el país y alejarlo de la mentira. Y hoy seguimos pasmándonos al ver a Rajoy y a Sánchez hablando de hacer un gran pacto contra la corrupción. Pero ¿No se suponía que ambos partidos cada vez que han subido al poder en los últimos 30 años iban a arreglarlo todo? Iros a la mierda.
El problema es que a la ciudadanía quizás no nos parece que sean tan chorizos, porque todos llevamos un corrupto dentro. Es como lo de las cifras del paro. ¿Alguien se cree que estaríamos como estamos si, de verdad, hubiera tanta gente sin ingresos como dicen las estadísticas oficiales? Con esas cifras, me van a perdonar, pero debería haber a diario quema de contenedores, barricadas, ataques a ayuntamientos y, lamento dar ideas porque no lo deseo, pero es raro que no haya persecuciones ciudadanas para intentar linchar a los políticos corruptos. ¿Y por qué aquí no pasa eso? Pues yo creo que es porque hay también una corrupción sotto voce que mantiene a mucha gente en pie económicamente.
¿Cuántas personas conocen que estén cobrando algún tipo de subsidio, prestación o el famoso PER andaluz y estén a la vez haciendo sus chapucillas? En Andalucía, y pongo un ejemplo que conozco bien, es casi imposible encontrar a alguien que vaya a tu casa a hacer alguna obrilla y no te diga: “yo es que no puedo facturarle porque estoy cobrando el yo qué sé qué”. Pero no hablo sólo de arreglar grifos y pequeñas obras caseras. Y no sólo de mi tierra. Hablo también de cantidades enormes de profesionales de todos los ramos, de cualquier ciudad española, que están cobrando por sus servicios de diferentes maneras para que no haya rastro de ese cobro y puedan seguir recibiendo sus subsidios y prestaciones. Y todos; los que nos indignamos con la corrupción, lo vemos y miramos para otro lado tiroriro-tiroriro. Y esos mismos que pagamos y que cobramos mirando para Melilla, cuando saltan los escándalos nos indignamos, nos rasgamos la vestidura y mesándonos los cabellos decimos: “¡¡Qué vergüenza!!”.
Y a lo mejor tendríamos que mirar para nosotros mismos y analizar por qué estamos como estamos. Por qué tenemos estos políticos y por qué seguimos permitiéndoles estar ahí. Por qué estamos dejando que la bandera de la limpieza al grito de “esto lo arreglamos nosotros” la enarbolen unos tíos de pinta y discurso leninista que dan toda la sensación de que, si llegan al gobierno, acabarán haciendo pláticas de una hora, en la tele nacional, con un pajarico chico hablándoles al oído.
Mientras Pablo Iglesias y los suyos se frotan las manos, otros, como si no se enterasen de nada, crean multas tan innovadoras como la del Alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, que va a sancionar hasta con 750 euros a las personas que revuelvan en los cubos de basura que hay por las calles. Vale que persigan a los que rompen contenedores para coger papel, pero que multen a alguien por buscar comida es un cubo de basura es como quitarle el carné de conducir a un ciudadano que muere en un accidente provocado por su imprudencia al volante. O sea, una muy cruel soplapollez.
* Esta era la información que había cuando se escribió este artículo. Posteriormente, Trías mostró a los medios un Bureau-Fax en el que el banco suizo UBS niega que Trías tenga o haya tenido ningún activo bancario en la entidad”.

HÉROES

Pues no hablo de Mortadelo, Tintín, Spiderman, Daniel Boone, el Capitán Tan ni otros de los héroes de mi infancia. Ni tampoco de Pablo Iglesias y sus colegas de Podemos. Y eso que, por el runrún que hay, van a ser los héroes de la próxima década porque, coño, si hacemos caso a lo que dijeron en su súper-congreso-asamblea de la facul-mítin-fiesta del fin de semana pasado, van a arreglar el país en cuanto lleguen al gobierno. ¿Corrupción? Nosotros somos limpios y puros. ¿Deuda? Ya se nos ocurrirá algo y, mientras, decimos cosas tan vagas como “reestructuración ordenada”. ¿Pobreza? Un sueldo para todos y arreglao. ¿Debates internos? O yo o el Caos. Mira que me parece que a los políticos de lo que ellos llaman “casta” les hacen falta un par de sopapos, o tres, pero, si la regeneración de nuestra democracia debe venir de la mano de Pablo Iglesias, yo, en la próxima, me bajo.
Pero me estoy desviando. Quería hablar de mis héroes. Y tengo unos cuantos, pero, en los últimos tiempos ha habido dos cuyas historias me han llegado al alma. Se llaman Manuel García Viejo y Miguel Pajares. Les sonarán sus nombres porque son los dos misioneros españoles de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios que murieron por el virus del Ébola después de ser repatriados. Fue tal el tsunami informativo que se desencadenó tras sus muertes que sus figuras han quedado eclipsadas por la marea. Es más, he llegado a escuchar frases muy gruesas, muy poco caritativas y altamente indignantes hablando de ellos como si, en su egoísmo sin par, hubieran preferido arriesgar las vidas de millones de españoles, antes que quedarse a morir en sus misiones. El drama felizmente resuelto, por lo que parece, de otra heroína, la auxiliar de enfermería Teresa Romero, puso un velo grueso como el telón del Real, sobre la imagen y la memoria de estos dos religiosos que entregaron sus vidas por los demás.
Estos dos misioneros escogieron la vía del compromiso con los que menos tienen. Todos aquí en nuestra seguridad occidental del hemisferio norte hablamos de que hay que ayudar a los pobres, participamos en campañas y tranquilizamos nuestras conciencias dando algo de dinero de manera muy profiláctica, sin pringarnos ni una mijita. Ellos eligieron meterse en el fango hasta las axilas y sonreír, acariciar, escuchar o decir una palabra de aliento a esos miles de enfermos que llegaban a sus misiones con pie y medio en el hoyo. Pero no son sólo Manuel y Miguel. Miles de hombres y mujeres como ellos viven entregados a los demás sin mirar atrás. No son locos, pero trabajan en condiciones terribles, sin medios y sin poder tomar muchas de las precauciones médicas que les podrían salvar la vida, pero que también les impiden dar afecto a un enfermo.
Casi ninguno de estos hombres y estas mujeres piensan en que su comportamiento es heroico, ni se preocupan de saber si su labor es valorada en su tierra. Probablemente se deprimirían al conocer que aquí en España casi siempre que se habla de curas, es para poner a parir a Rouco and friends, o para contarnos casos horribles de pederastia. Lo que acaba dando la sensación de que la Iglesia, en general, es pederastia, conservadurismo, intransigencia y gente triste y enfadada. Y claro que hay pederastas e intransigentes, pero la Iglesia en general y la Iglesia real, la que está en el fango, tienen muy poco que ver con eso. Y, gracias a Dios, la que está en la Curia parece que también está cambiando.
Imagino que sabrán que se ha celebrado en Roma un Sínodo Extraordinario dedicado a la Familia. En él, el Papa Francisco reclamaba a sus obispos que la Iglesia dejara de dar la espalda a los que no siguen el camino ortodoxo y, entre otras cosas, pedía un acercamiento a los homosexuales y a los católicos divorciados. Lógicamente, sus propuestas han generado un profundo debate y la parte más conservadora de la Curia se ha llevado las manos a la cabeza, pero este Papa, poco a poco, va abriendo la Iglesia al siglo en el que estamos y deja, no sólo que entre aire nuevo, sino que salga el aire algo podrido que guardaban allá dentro unos cuantos cardenales.
He leído en estos días mucho sobre esos debates, pero me gustaría quedarme con un pasaje de la Homilía con la que el Papa Francisco cerraba el Sínodo. Y no se inventaba nada, simplemente, basándose en los Evangelios, reclamaba a los obispos una Iglesia que no tenga miedo de comer con prostitutas y publicanos.
A esa Iglesia pertenecían dos hombres valientes y buenos que se llamaban Manuel García Viejo y Miguel Pajares, a cuya memoria dedico este escrito. Y a esa Iglesia pertenece el hombre que espero que no se moleste por ponerle en mi corazón a la altura de Mortadelo o Spiderman. Pero mi héroe hoy y, creo que lo va a ser por mucho tiempo, va vestido de blanco, se llama Jorge Mario Bergoglio y va a pasar a la historia como Francisco I. Un Papa verdaderamente Grande.

RESPONSABLES IRRESPONSABLES

Uno de los libros que más risa me produjeron en mi juventud fue la “Antología del disparate” que recogió el profesor Luis Díez Jiménez. En ese libro un alumno le atribuía a Jesucristo un reconocimiento de responsabilidad traduciendo el “Pienso, luego existo” de Descartes. Se le preguntaba el significado de la frase “Cogito ergo sum” y el muchacho aseguraba que fue lo que dijo Jesús cuando fueron a prenderle los romanos; “Me habéis cogido, Yo soy”. Esa aceptación de la responsabilidad, aunque fuera equivocando a Descartes con Jesucristo, no es en absoluto corriente en la vida que nos ha tocado vivir. Aquí nadie tiene nunca culpa de nada y, para que alguien reconozca que ha fallado, tienen que ponerle ante las narices setenta evidencias. Y, en ocasiones, ni así.
Lo digo porque, en estos días está habiendo numerosos espectáculos del “pío, pío que yo no he sido”. O “he sido, pero yo no sabía que eso estaba mal”. O “yo no me he equivocado, es que tenemos un gran adversario, que es el Estado Español”, que igual les suena. Porque es lo que dijo Mas en el Parlament Catalán cuando había quedado claro que ya ve la pared del fondo del brutal callejón sin salida en el que ha metido a Cataluña. Pero el Honorable no está solo. Ayer me resultó impresionante ver cómo la Ministra Mato escurría el bulto con gran salero en el Congreso, como si bailara el hula-hoop, afirmando que ella y su equipo hicieron las cosas bien. O escuchar a muchos de los que malgastaron con las tarjetas de Caja Madrid decir que a ellos les garantizaron que se podía hacer. En este punto, quizás tengan algo de razón los consejeros porque, según parece, el Secretario General de la Caja les aseguró, a los que preguntaron, que aquello era legal, que formaba parte de su salario y que podían gastar en lo que quisieran hasta llegar a su límite. Suena raro de cojones, pero podría ser. La cuestión es que, algunos, han devuelto la pasta con mala conciencia, pero la mayoría están ahí agazapados, a ver si pasa la tempestad y, con otro caso de esos de corrupción-a-lo-bestia-typical-spanish, se nos olvida lo de sus tarjetas negras.
No sé si es algún gen ibérico, pero ahí lo tenemos. Aquí nos cuesta un mundo reconocer un error. Por eso decía Jordi Évole que, para un político español Dimitir es un nombre ruso. Para mí el paradigma en esta semana es lo del Ébola. Y no sólo por la sucesión de defecaciones que mantuvo a Teresa Romero diez días con fiebre y fuera de control, sino también por cómo reaccionaron los políticos tras el contagio. La muestra de crueldad del consejero de sanidad de la Comunidad de Madrid acusando a la auxiliar de enfermería de mentir es sintomática. Siempre el responsable que no quiere comerse el marrón sale indignado a culpar a otros de su error, aunque el otro sea una trabajadora que está en la cama de un hospital en una lucha a muerte con un virus que se llama Ébola. Ahora han cambiado las tornas y hace gracia escuchar a Mato, al tal Javier Rodríguez y a cualquier político del PP, hablar de que lo importante es la salud de Teresa. Y no se les cae de la boca. Y espero que Teresa, cuando salga del hospital, que ojalá sea pronto, sepa manejar lo que se le viene encima. Porque, por cómo se van moviendo todos estos expertos en aprovechamiento, se adivina lo que va suceder. Teresa, tú eres una heroína. Y eso es indudable. El problema es que muchos van a querer que seas SU heroína y no van a tener ningún pudor en utilizar tu nombre y tu valor en su provecho. Acepta ser la heroína, pero tápate. Porque esos que hoy dicen “Todos somos Teresa”, los que invocan tu nombre para golpear al gobierno y los propios del ejecutivo que usan tu nombre para dar sensación de que ahora están contigo, te van a utilizar. Espero que tengas la templanza para identificarlos y la frialdad suficiente para decirles: “No gracias”, si te ofrecen unirte a ellos. Porque a esos mismos que hoy te adulan, pasado mañana, al más mínimo renuncio, se les acabarán los clavos para crucificarte. Los conozco y, en cuanto vean que ya no les sirves, te van a dejar tirada en una cuneta. Así que cúrate y, después, cuídate de todos esos que se te van a acercar con los cantos de cien mil sirenas.
Y, hombre, ya que hablamos de responsabilidades y de cunetas. Quizás hayan sabido de una capea que organizaron el pasado sábado unos chicos de la marca de ropa Mr Happiness en una finca a 60 kilómetros de Madrid. Allí estaba mi hija con un grupo de amigos y, a las 4.45 de la mañana, nos llamó para decirnos que les habían dejado tirados, congelados de frío y sin ningún responsable de la organización que se hiciera cargo de aquello. Cuando llegué a las 6 de la mañana a recoger a mi hija, el espectáculo era tremendo. Decenas de chicos empapados y ateridos, caminando a oscuras por una carretera comarcal buscando alguien que les ayudase. La Guardia Civil estaba desbordada y haciendo lo posible por atender a los muchachos y evitar algún atropello mortal. Al día siguiente, buscando información sobre la fiesta, encontré un comunicado de los de Mr Happiness, diciendo que ellos realmente no eran los culpables, que había sido la empresa de autobuses y aquello de “pío, pío…” En fin, al menos creo que hay unos cuantos cientos de muchachos que van a pedirles responsabilidades. Y a estos de Mr Happiness no sé cómo les irá vendiendo camisetas, pero por su habilidad intentando escurrir el bulto, desde luego les auguro un brillantísimo futuro en la política.

THE BIG DEFECATION

Hay un síndrome entre los escritores y periodistas que se denomina “la página en blanco”. Es una especie de atasco mental que sufres cuando tienes que escribir por obligación y no sabes cómo meterle mano al asunto. No se te ocurre nada, no le encuentras a nada el perfil y, al ver el folio (hace años) o la pantalla vacía ante ti, te acuerdas del anuncio aquel de Ariel que decía “Más blanco no se puede”. Y te agobias. No es lo que me pasa hoy, la verdad.
Hoy es uno de esos días en los que uno no tiene que buscar en la prensa, o en sus recuerdos, o en aquello que le pasó ayer para ponerse a escribir. Desde que publiqué la Cabra de la semana pasada, han sucedido tantas cosas, tan variadas y tan gordas, que el problema no es no saber de qué hablar, sino qué descartar entre tanto asunto goloso.
Porque hemos de reconocer que el sinapismo catalán ha quedado orillado, primero, por el escándalo de las tarjetas de Caja Madrid y, poco después, por el problemón que se nos ha generado con el virus del Ébola. La noticia del contagio de Teresa, una auxiliar de enfermería del Carlos III, ha llenado de una inquietud, que bordea el pánico, a sus vecinos más próximos, a todos los madrileños, a millones de españoles y, leyendo los periódicos internacionales, a medio mundo. Porque hemos quedado como la Chata. Estaba toda la comunidad internacional pendiente del traslado de los dos héroes misioneros que trajimos a España para ver si conseguíamos salvarles la vida. Y, por desgracia, hemos dado la razón a los que nos tildan, desde fuera, como el país de la improvisación. Nos ven como gente maja, pero poco seria. Como un pueblo entusiasmado, pero poco trabajador. Y un lugar magnífico para venir de vacaciones, pero no tan bueno para traer tu dinero. Las noticias sobre corrupción, que en estos días abundan, siguen enviando al extranjero una imagen de país de poco fiar.
Vamos ganando en confianza, pero cosas como la del contagio de esta auxiliar de enfermería, nos dejan a la altura del betún, o sea, malamente. Porque aquí, cuando se sugiere que el contagio de la auxiliar de enfermería ha podido deberse a un error de la trabajadora, saltan los sindicatos a gritar “Anatemaaaa”, partiendo de la base de que, por supuesto, Teresa hizo bien su trabajo. Pero es que, cuando la pobre mujer reconoce que pudo tocarse la cara con un guante sucio, salta el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid a gritar: “Nos ha mentidoooooo”, como si, en todo lo que ha sucedido no tuvieran responsabilidad alguna las autoridades que mandan en esto. Claro, pero es que tenemos tanto lío con las transferencias que aquí yo pido la dimisión de Ana Mato y a lo mejor resulta que todo es responsabilidad de la Comunidad de Madrid. En cualquier caso, yo creo que Mato debería decir: “Esto no es mi culpa, pero es mi responsabilidad y, en cuanto arreglemos este desaguisado, me voy”. Pero no. Aquí a nadie le parece que deba dimitir por la más enorme defecación de los últimos tiempos.
Por Dios. Que esta señora estuvo en la habitación de uno de los misioneros. ¿No había un protocolo de seguimiento de cada uno de los profesionales que entraron en contacto con el religioso? Es que a mí me flipa que la auxiliar llevara días con fiebre y nadie, en el Ministerio o en la Consejería de Sanidad se enterara. “Es que no dijo nada”. Coño, ¿pero estaba en el protocolo que se le preguntara a cada uno de esos profesionales por su estado de salud a diario durante, digamos, 40 días? Si la respuesta es NO, como es, tenemos que asumir, los políticos primero, que la hemos cagado. Y me da igual si la ATS se tocó la cara, si se equivocó o si fue un accidente. Aquí no hay que buscar culpables del momento de la infección, sino responsables de que esta señora haya estado sin control alguno de las autoridades durante 10 días. Y con fiebre, poca o mucha, desde días antes de ingresar.
Y luego está lo del perro. La que han liado los animalistas porque querían evitar que se sacrificara a Excálibur, el perro de Teresa. Hay opiniones para todos los gustos, pero, por mucha pena que nos dé, tiene mucho más riesgo el traslado y custodia del chucho, que su sacrificio, aunque esto suponga un palo añadido para la pobre ATS que está intentando superar la enfermedad y para su marido, al que tienen en cuarentena. Lo que me choca de todo esto es la manifestación a las puertas de la casa llamando asesinos a los que iban a matar al can. ¿Irán todos estos a la puerta de una granja de cerdos la próxima vez que deban sacrificar a 500 marranos por una peste porcina? Lo mismo sí, porque con estos animalistas tengo la misma sensación que con los políticos que, en cuanto ven ocasión de ponerse delante de una cámara, allá que van, que ya se les ocurrirá algo que decir.
En fin, me he liado con lo del Ébola y quería hablar también de consejeros de Caja Madrid que creen que fundirse mil euros al mes en gastos de representación, “no es mucho”. De ese sindicalista que acumuló, al menos, un millón y medio de euros en negro. De ese político al que, presuntamente, le regalaban rifles de caza bajo cuerda. O de los hideputas del estado Islámico. Pero se me acaba el folio y no quería dejar de recordar que este año vuelve a hacerse la recogida de alimentos para ayudar a la inmensa cantidad de gente que lo está pasando mal en España. Será los días 28, 29 y 30 de noviembre en Madrid. No sé cuándo será en el resto de provincias, pero seguro que entrando en esta web, lo explican. El reto es recoger dos millones de kilos. Nosotros, como hicimos el año pasado con mi madre, mi mujer y mis hijos, vamos a ver si conseguimos nuestra tonelada.
www.granrecogidamadrid.org

DESOBEDIENCIA CIVIL

No sé a ustedes, pero a mí cada vez que oigo a líderes catalanes hablando de “Desobediencia Civil”, me entra una mezcla, entre risa y mala leche, muy desordenada. Verán que he escrito ambas palabras en mayúsculas porque creo que los personajes históricos que entregaron sus vidas por la libertad merecen que su Desobediencia se diferencie, por ejemplo, de la desobediencia que proponía, hace semanas, Oriol Junqueras. El líder de ERC y el presidente Mas, (que anteayer decía que, “de momento”, no va practicar la desobediencia) deberían leerse un interesantísimo ensayo de la profesora Carmen González Marsal. Esta investigadora dedica un artículo a los tres líderes históricos de la Desobediencia Civil; Henry Thoreau, Mahatma Gandhi y Martin Luther King.
Nada pasa porque sí. Cuando Junqueras hace unos días invocaba la desobediencia civil, no lo hace por casualidad. Sin que nos demos cuenta, está introduciendo en el meollo un término que está metido en nuestras mentes como algo glorioso y digno; una lucha de personas heroicas contra la opresión. Es que manda huevos; los tres protagonistas del ensayo son tres líderes ejemplares que desobedecieron leyes injustas. Thoreau luchó contra el esclavismo que hacía que una sexta parte de la sociedad americana fueran esclavos. Gandhi peleó para conseguir que los Británicos devolvieran la independencia a la India y dejaran de oprimir a sus ciudadanos. Y Martin Luther King dio su vida combatiendo por la segregación racial que mantenía a los negros en un nivel social inferior a los blancos en decenas de estados de los EEUU.
¿Contra qué opresión está luchando Junqueras? Porque todo lo que ha pasado en los últimos 35 años en Cataluña se ha votado democráticamente. Desde la Constitución, hasta las últimas europeas. Es más, por si fuera poco, el actual Parlament es consecuencia de unas elecciones anticipadas por Mas, que reclamaba a los catalanes una mayoría suficiente, que no le dieron. Es que se nos olvida, pero, si finalmente Mas convocara elecciones anticipadas, los catalanes habrán tenido 3 elecciones autonómicas en menos de 4 años. Con lo baratitos que salen los procesos electorales. Y, un poco antes de aquellos comicios catalanes, hubo unas elecciones generales en las que los ciudadanos catalanes, andaluces, madrileños… pudieron votar. Y votaron.
Al menos anteayer Mas puso algo de cordura cuando dijo en el Parlament que “de momento” no va a invocar la desobediencia. Pero, claro, ese uso adverbial del “de momento”, mosquea. Porque no lo dan por descartado. Y con esa amenaza velada están ahí esperando a que pase algo que les dé la razón y permita que ellos se disfracen de Thoreau, Gandhi y M.L.King y salgan a la calle a inmolarse por la libertad. En fin. Y yo con todo esto no sé muy bien a qué quedarme. Porque, cada vez que oigo a analistas y políticos diciendo “hay que dialogar” me pregunto: ¿Y de qué vamos a hablar exactamente? Porque, disculpen la comparación, pero es como si entras en tu casa y hay un tío que se te ha hecho fuerte en el salón y te anuncia que se queda todas tus pertenencias. Y cuando tú le dices: “Oiga, es que esto es ilegal”, él te suelta: “negociemos”.
Porque, les guste o no a los equidistantes, lo que tenemos en España es un marco legal y lo que están pretendiendo hacer Mas y parte del Parlament, es pasarse la ley por ahí mismo. Que esto se arregla con diálogo es obvio, pero lo es también que para que podamos sentarnos a hablar también ellos tendrán que destensar la cuerda. Y no parece que estén por la labor, precisamente. Lo malo es que no tengamos en España políticos como Gordon Brown. No sé si escucharon su discurso hace tres semanas. El ex-primer ministro laborista le echó un cable histórico a David Cameron con una alocución en contra de la independencia de Escocia justo un día antes del referéndum. Brown hizo un discurso realmente emocionante en el que habló de lo que les unía y, según parece, fue la puntilla que remató la victoria de los que querían seguir en el Reino Unido.
Y mientras espero a que nos aparezca un Gordon Brown, que me da que no va a aparecer, me voy a ir haciendo cuentas con lo que publicaba ayer El Mundo de los ex-directivos de CajaMadrid. Los pobres gastaron, presuntamente, en 10 años más de 15 millones de euros en comidas, viajes y retiradas de efectivo con unas tarjetas digamos que poco controladas. Y a mí lo que me ha puesto tiesos los pelillos de la nuca no es esto en concreto, sino pensar en la cantidad de cajas de ahorros y en la cantidad de tarjetas con “poco control” en manos de políticos de miles de ayuntamientos y comunidades de toda España. Si algún día a alguien le diera por rascar ahí, la columna de mierda iba a llegar hasta los restos del Sputnik, que todavía siguen por ahí arriba dando vueltas.
http://www.huffingtonpost.es/esther-palomera/se-busca-un-gordon-brown_b_5895804.html