CARAS

A mí me pasó. Que me reí. No sé cuántos de ustedes se rieron al ver el careto de Donald J. Trump al entrar en la sala de la Casa Blanca en la que, con una firma que acojona por lo retorcida, daba puerta al acuerdo nuclear con Irán. Hombre, nadie va a pedir que un Presidente de los EEUU sonría en una situación así, pero se puede poner cara de circunstancias, lo que se conoce como cara de póker, en vez de ese gesto de niño mimado que necesita decirle al mundo que está enfadado porque sus padres, los muy cabrones, le acaban de castigar sin Play. Es que es la típica cara que muestra un churumbel de 5 años si le dices: “Pon cara de enfadado”. Y ahí está; Donald John Trump sin piruleta. Lo malo es que el niño sin la piruleta, sin la Play o sin el balón es el presidente de una de las mayores potencias del mundo.

Ayer hablaba con mi amigo John F. Byrne que fue, durante muchos años, corresponsal de CBS en España y me decía que con Trump tiene la sensación de que está constantemente actuando en aquel reality show, “The Apprentice” que hizo para una tele norteamericana. Realmente juraría que John dijo: “sobreactuando”. Lo jodido para el planeta es que los concursantes somos nosotros y que el plató no es un estudio con un bonito decorado, sino la mismísima Casa Blanca. Y esto va en serio. Muy en serio. Es formidable la cantidad de gestos, frases, discursos y tweets en los que Trump habla con la verborrea propia de un vendedor de elixires. Con la misma ligereza con la que en su programa de TV podía poner a parir a un candidato, el líder estadounidense habla en el Despacho Oval de inmigrantes, de países en vías de desarrollo, de los misiles de Corea del Norte, de los aranceles o de la ruptura del acuerdo nuclear con Irán y otras naciones.

En fin; que volviendo a lo de las “caras de”, lo peor de todo esto es que, miras el panorama de los principales líderes mundiales y te corre un frío helador por el espinazo.

Putin. No sé si a ustedes les sucede, pero yo es que me imagino estar sentado en una silla de interrogatorios y que entre Vladimir, y le canto la Traviata, le confieso todos mis pecados y le reconozco que, sí, que fui yo el que mató a Manolete. Lo que pasa es que yo creo que Putin no ensaya esos caretos ante el espejo como Trump. Sino que esa cara de espía malo malo, de verdugo que disfruta con su trabajo, la trae de serie, como los coches el ABS.

Salvando las distancias, porque, de momento, líder mundial no es, otro que no sé si ensaya los gestos ante el espejo es el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando. Porque es un hombre que parece que está cabreado el 90 por cien de las horas diurnas. Desconozco si cambia el rictus en las nocturnas porque tengo varios amigos comunes con él y me dicen que es un tío majo, hasta simpático. Pero yo francamente, no sé quién tuvo la idea de ponerle como portavoz parlamentario porque gasta un gesto chulesco que a mí, y a la mayoría de las personas con las que hablo, nos pone de los nervios. Es esa sensación irritante que produce ese tío que te encuentras montando un pollo en un bar y podrías apostar a que va a acabar dándole a alguien una leche. Que en el caso de Hernando, sin duda, esa leche se la daría con gusto a Albert Rivera. Porque esa es otra, la que les ha dado a los del PP con Ciudadanos. Es que le preguntas a un parlamentario de los populares si va a llover y te dice que la deslealtad de estos oportunistas de naranja puede provocar tormentas por el oeste. No sé yo si, estando en las filas del PP, dejaría de preocuparme tanto por los de Ciudadanos y empezaría a ocuparme un poco más de los de mi bancada.

Pero el careto más gracioso que yo he visto en los últimos años no vino de la política, sino de mi familia. Los cabreros más fieles sabrán que yo soy muy aficionado a la cocina y que, en torno a las Navidades, suelo hacer dulces típicos. Y para muchos de esos dulces, la base es la almendra. Un domingo estábamos en casa de mi madre partiendo almendras (a mí lo de comprarlas peladas me parece una pérdida de romanticismo) y, mientras varios íbamos trabajando, uno de mis sobrinos, el más pequeño, iba afanando almendras. Y le debían gustar porque hubo un momento en el que dije: “Javierillo no para de robar almendras, el tío se está poniendo morado”. El comentario tuvo su efecto porque el niño desapareció de la cocina. Al cabo de diez minutos apareció mi hermano Javier, el padre de la criatura, con esa mezcla de risa y babeo que nos da a los padres y nos cuenta la escena. Llevaba unos minutos sin ver a su hijo y lo buscó por la casa hasta que, de uno de los baños surgió una voz estresada que decía: “estoy aquíiiii”. Cuando mi hermano entró en el baño se encontró al niño mirándose al espejo con un gesto de profunda angustia. Javier le preguntó: “Pero ¿qué haces? ¿Qué te pasa?” Y el niño, con la naturalidad que le daban sus 4 años y con la voz agarrotada por la ansiedad, le dijo: “Aquí, mirando a ver si me pongo morado”.

10 pensamientos en “CARAS

  1. Querido sobrino: Todavía me estoy riendo del chiste que tu papá nos contó en la casa de Cortina del Muelle. El señor que se ponía verde cuando comía jamón. Tu cabra me lo ha recordado. Un abrazo

  2. Estaba leyendo la cabra y, según hablabas de unos y otros, notaba que se me iba contrayendo la cara y encogiendo el estómago……….hasta que he llegado al párrafo final que he empezado a notar como me surgía la sonrisa en la cara y me caía un hilillo de baba de la boca.
    Es que es Muuuuuuyyyyyyyyy bonito, qué le vamos a hacer. 🙂
    Besos y esta tarde le contaré que tiene el privilegio de haber entrado en los anales de la cabra como semi protagonista de una de ellas.

    • Gracias, minmano. La verdad es que el niño tuvo gracia. No sé si va a entender la Cabra, pero léesela, a ver si se ríe… Besos

  3. En esta cabra tuya me he concentrado más en disfrutar y reirme que en reflexionar sobre lo que cuentas. Me ha llamado mucho la atención todo lo que dices sobre los “caretos” de Trump, pues no me gusta ni verle ni escucharle y, por tanto, no centro mi atención en él todo lo que debería.

    Tu sobrino es un “crack”. Me permites contar la anécdota??… me parece buenísima.

    Un abrazo.

    • Gracias, Manolo. Lo del careto, métete en internet y busca el vídeo completo de la entrada de Trump en la sala y verás la cara de enfado infantil. Y lo las almendras, claro que se puede contar. Todas estas cosas cabreras las comparto y ya son de todos. Un abrazo

  4. Hoy no me voy a meter contigo. De acuerdo en todo, sobre todo en lo del portavoz del pepé, qué asco de tío. Y por poner un pero, podrías haber citado a la secretaria de estado de comunicación y su ya famoso exabrupto. ¿Pero de donde se saca el pepé a sus dirigentes? ¿De forocoches? Vaya tela, qué nivel, cómo está el país.

    • Gracias, Josesain. Qué bajón, que no te metas conmigo! Respecto a Carmen Martínez Castro, la verdad, no es un tema de corporativismo. Es de cariño. Fue compañera mía en Antena 3 Radio (ella trabajaba en Radio80 haciendo boletines y era una chica muy seria, pero encantadora. Me sustituyó cuando a mí me no me renovaron el contrato y me tiré 15 días contándole en qué consistía mi trabajo) y, si hubiese hablado de su incidente, la habría tenido que poner muy a parir. No entiendo, por mucho que sea un error, una salida de pata de banco, un calentón, que alguien desde un puesto como ese, diga semejante cosa. A mí lo de Hernando me parece que esta al mismo nivel que lo de Cataluña poniendo como candidato al García Albiol. Yo, cuando me enteré de que iba a ser su cabeza de cartel (qué gran cabeza, por cierto), pensé que tenían dentro una eficacísima 5ª columna de Ciudadanos o de cualquier otro partido. Un abrazo

  5. Como siempre das en el clavo. Pero lo que me ha hecho más gracia es lo de Javier G-H- 3º, ¡que gracioso!! Le deben gustar no mucho, sino muchísino, las almendras. Y el papá encantado con su niño.

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