EL DISCAPACITADO

Llevo desde ayer por la mañana buscando el adjetivo para calificar al diputado Rufián. Y juro que no quiero utilizar palabras gruesas, para no caer en su juego de adolescente provocador. Gabriel Rufián vive con la constante presión de cumplir con su papel de nen terrible del independentismo comunista. Imagino que todos saben la que se lió ayer en el Congreso con su señoría de ERC llamando “hooligan” a Borrell o “fascistas” a todos los rivales políticos que se atrevieran a llamar “golpistas” a los políticos catalanes que están en prisión o con procesos judiciales en marcha. De lo que se deducen dos cosas: que Rufián no sabe lo que es un fascista y que este Excelentísimo señor no tiene ni repajolera idea de de lo que es un golpista. Porque si se detiene a leer sobre el Fascismo, Rufián estará de acuerdo con nosotros en que no hay hoy, afortunadamente, ni un solo fascista en el Congreso de los Diputados. Del mismo modo que, por mucho que a él le parezcan unos héroes sacrificados por su pueblo, los políticos catalanes que están en prisión pretendieron cambiar el Estado en el que viven de una manera no legal. Eso, aquí y en cualquier país democrático del mundo, se llama Golpe de Estado, aunque no haya militares de por medio. Otra cosa es que tú opines que tienen razón, pero parece bastante obvio que son unos políticos que se saltaron las leyes establecidas y que intentaron dar un Golpe de Estado.

Lo que pasa es que me da la sensación de que decirte esto a ti es perder el tiempo, porque anoche me di cuenta de que, realmente, lo que te sucede, Rufián, es que tienes un problema. Ayer por la tarde tuve la enorme suerte de escuchar a Ramón Arroyo. Para quien no sepa su historia, contaré que es la persona en la que se basa el peliculón “100 metros” de Dani Rovira y Karra Elejalde. A Ramón le diagnosticaron en 2004 Esclerosis Múltiple. Después de unos años sin tomar conciencia de lo que le pasaba y tras varios brotes en los que la enfermedad fue avanzando y haciéndole daño, Ramón decidió tirar para adelante, afrontar la enfermedad, intentar seguir haciendo su vida “normal” y comenzar a correr. En 2013 acabó el Ironman de Barcelona y, poco tiempo después, llegaron, primero, un “Informe Robinson” contando su historión y, algo más tarde, la propuesta para llevar su vida al cine. Yo recuerdo el día en el que vi aquella película, que acabé llorando como una magdalena.

Ayer Ramón nos tuvo a todos los que le escuchamos, durante hora y pico, con una mezcla de corazón encogido y corazón expandido. A mí se me saltaron las lágrimas varias veces y hubo determinadas cosas que dijo Ramón que se me quedarán siempre en la memoria. Pero destacaré dos. La primera; que Ramón ha sido capaz de aprender a escribir ¡¡dos veces!! después de que le diagnosticaran la Esclerosis. Y sabe que puede que tenga que aprender de nuevo. La segunda; que este héroe asegura que todos tenemos una esclerosis oculta. Y quizás ese es el problema de Rufián. Que tiene algo así como una esclerosis mental y no lo sabe. Tiene gracia que el propio Ramón hable de él mismo como “discapacitado”, cuando es evidente que, si algo ha demostrado en los últimos años de su vida, es que tiene muchas y muy diversas súper capacidades. Sin embargo a mí desde ayer, me parece que el que tiene una discapacidad no sé si en la mente o en el alma es Gabriel Rufián. Siempre tan sonriente, pero siempre tan enfadado. Cada día repartiendo carnets de demócratas comme il faut a los que le ríen las gracias y negándoselos a los fachas que no opinan como él. Que claro, tanto que se mete con los fascistas y, si hay un pensamiento político que sea parecido al Fascismo en intransigencia, intolerancia, persecución al disidente, falta de sentido democrático y totalitarismo, ese es el Comunismo del que él, como marxista, se declara fan.

Quizás la solución sería que juntásemos una semana en una isla desierta a Rufián con Ramón o con otro discapacitado multi-capaz que, precisamente esta semana, me enviaba un documental que le han hecho y que les recomendaré en cuanto esté disponible. Hablo de Eduardo Valcárcel. Edu perdió la pierna izquierda cuando tenía un año y medio en un accidente de tráfico en San Sebastián. ¿Saben a qué ha dedicado prácticamente toda su vida? Al fútbol. Desde que tuvo uso de razón amó este deporte y, como no podía jugar, se empeñó en ser entrenador. Y fue superando una a una todas las barreras que tenía delante para convertirse en la primera persona con discapacidad que obtuvo el título nacional de entrenador. Otra de las pasiones de Eduardo es educar a niños y, desde hace unos años, unió sus dos pasiones y hoy es el director de la Escuela de la Fundación de la Real Federación Española de Fútbol.

Lo mejor de Edu, como le pasa a Ramón, no es la tenacidad, la capacidad de superar lo que les pongan por delante o la fortaleza de espíritu. Para mí lo mejor de ambos es esa naturalidad con la que afrontan todo y el sentido del humor que hace que Edu te diga, por ejemplo, que él es un tío feliz porque jamás se levanta con el pie izquierdo.