Y ¿A QUIÉN COÑO VOTO?

Es la pregunta que, probablemente, se están haciendo más españoles en los últimos días. Ayer estuve presentando un evento y al comienzo, para romper el hielo, me dio por preguntar al auditorio: ¿Cuántos de ustedes NO tienen decidido su voto?

Había desde luego más de 400 personas. Todas ellas eran de una clase socio-económico-cultural media-alta. Y el resultado a mí me pareció muy revelador. Más de la mitad de los que estaban allí levantaron la mano. Luego, ya puestos, pedí a la gente que, a la de tres, gritaran “¡YO!” los que estuvieran cabreados con los políticos. Cuando conté “tres” el grito se debió escuchar en Las Cortes. Y estábamos a unos 10 kilómetros de allí.

Pero no parece que a nuestros políticos les afecte demasiado. Todos ellos ahí siguen, convencidos de que han sido “los otros” los culpables de que estemos otra vez más a punto de ser convocados a las urnas. Y deberían estar preocupados. Todos. Porque estamos abonando el terreno para que nos aparezca uno de esos Mesías que cíclicamente surgen para guiar a sus pueblos a la felicidad.

CHISTE DEL GRAN FORGES QUE VIENE MUY A CUENTO

Como yo sí estoy preocupado y no tengo claras muchas cosas, mejor que decir nada, hoy voy a lanzar unas cuantas preguntas. Les agradeceré mucho que me ayuden a ver algo de luz respondiendo en los comentarios de esta Cabra que está más en el garaje que nunca.

¿No les recordó Pedro Sánchez en su rueda de prensa-mitin del miércoles a Artur Mas cuando disolvió el Parlament en 2012?

¿Recuerdan que Mas tenía 62 diputados y pidió a los catalanes una mayoría más fuerte para liderar “El Gran Repte” y los catalanes le hicieron una peineta dejándole con 50 diputados? ¿Y que, después del hostiazo, en vez de dimitir, se desmelenó y nos metió a todos en el desastre del Procès?

Pedro Sánchez ¿Estaba deseando unas nuevas elecciones? ¿O está verdaderamente fastidiado por no haber conseguido que nadie le apoye?

¿Puede beneficiar a Sánchez el hecho cierto de que vamos a elecciones porque no ha pactado ni con “los que quieren romper España” ni con “los comunistas”?

¿La oferta de Pacto en las últimas horas de Albert Rivera es, como dicen en el PSOE, un enorme paripé después de haberse negado a hablar con Sánchez durante meses? ¿O era una oferta sincera?

¿La mayor parte de los votantes naturales de Albert Rivera están encantados con él, o cabreados como monas?

CIENTOS DE MEMES SOBRE EL VOTO CIRCULAN MOSTRANDO EL ENFADO DE LA GENTE Y EL SENTIDO DEL HUMOR

¿Ha abandonado Albert Rivera el centro izquierda, como dicen sus enemigos? ¿O sigue siendo el referente en el espacio en el que construyó gran parte de su electorado?

¿A quién puede votar hoy una persona de centro-izquierda? ¿A Ciudadanos? ¿O al PSOE?

¿Va a volver a dividirse en tres el voto de derechas? ¿O creen que este cabreo puede beneficiar a la derecha de toda la vida representada por el PP?

¿Retrocederán VOX y Ciudadanos? ¿O se reforzarán?

¿Seguirán castigando los votantes de Unidas Podemos a Pablo Iglesias o volverán a la casa morada aquellos que se fueron al PSOE en las elecciones de abril?

¿Iglesias ha sido, como dice Sánchez, el culpable de todo? ¿O es la cabeza de turco que necesita Sánchez para convencer al electorado de izquierdas de que esto es “O yo, o el caos fascista”?

¿Errejón es una termita de Podemos? ¿Una quintacolumna del PSOE? ¿O va a ser el revulsivo del voto a la izquierda del PSOE?

¿Va a ser Casado el que reúna de nuevo a la derecha en torno al PP o es el que va a llevar al partido de la gaviota a la tumba definitiva?

¿Dónde hay más votos que pescar en la derecha? ¿Por la zona del centro o por la del extremo populista?

¿Dónde hay más votos que pescar en la izquierda? ¿Por la zona del centro o por la del extremo populista?

Y, por continuar con la encuesta que arranqué ayer: ¿Cuántos de ustedes tienen claro lo que van a votar el 10 de noviembre?

Y ya, por desintoxicar, dos preguntas más ligeras,

¿Se va a comer el turrón Zidane?

¿Alguien tiene una receta buena buena de tarta de zanahoria?

Hala. A contestar si son tan amables de echarme un cable para aclararme el pensamiento.

PUES YO SOY SACRISTÁN

Vamos; no piensen que estoy valorando la posibilidad de llegar a la jubilación desde una sacristía. Hablo de la foto que publicó anteayer El País en la que se veía al actor José Sacristán departiendo con la vicepresidenta Carmen Calvo. Según contaba el diario, Sacristán y Calvo se encontraron en la puerta del Teatro Bellas Artes de Madrid y el actor rogó a la Vice: “Poneos de acuerdo, por favor”.

FOTO DE “EL PAÍS” EN LA QUE CARMEN CALVO Y JOSÉ SACRISTÁN CONVERSAN

La que le han liado. Los medios no afines al PSOE han puesto a parir a Sacristán. He llegado a leer que todo es un montaje de El País para favorecer un acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos. Y mis amigos de derechas están que trinan con un actor que, cuando da hostias como panes a UP o al PSOE, es aplaudido unánimemente por esos mismos que hoy le llaman paniaguado, zetaceja y yo qué sé cuántas cosas más.

Porque a José Sacristán se le podrán criticar muchas cosas, pero no creo que nadie pueda decir que ha tenido nunca pelos en la lengua. Y eso que ha llevado barba durante mucho tiempo. Pero, como le pasa a todos los que dicen lo que les sale del bolo, le caen leches de un lado y del otro dependiendo de lo que diga.

A mí, sinceramente, no es que me apasione la idea de un gobierno entre PSOE y UP. Pero creo, como Sacristán, que tienen la obligación de ponerse de acuerdo y evitar, como sea, una previsible y patética repetición de las elecciones. Si finalmente hubiera comicios antes de diciembre, sería la ¡¡¡4ª VEZ EN CINCO AÑOS!!! que los españoles seríamos convocados a las urnas. Y no entiendo que no se les caiga la cara de vergüenza.

No puedo decir que me dé igual el acuerdo. Creo que lo mejor que nos podría pasar es que a Albert Rivera se le quitara la empanada y se diera cuenta de que pactar con Sánchez es casi una obligación moral. Pero a Rivera le ha ocurrido antes de llegar a Moncloa, lo que le sucede a todos los que acceden a la presidencia del Gobierno; que, ensimismados por los pelotas que les rodean, acaban volviéndose medio locos y pierden la conexión con la realidad.

Además, me hace gracia cuando escucho a los de Podemos decirle a Sánchez, y a quien quiera oírles, que un pacto PSOE-Podemos es lo que pide la ciudadanía. Y eso es no saber sumar. Los únicos acuerdos entre dos partidos que dan la mayoría absoluta y estable son el de PSOE-PP (que es una quimera) y el de PSOE-Ciudadanos (que, según Rivera, es quimera también).

Yo no soy sociólogo. Pero tengo la sensación que la ciudadanía lo que quiere es que pacten. No hay más que ver los resultados electorales de los últimos años. Es un grito como el de Sacristán: “¡Poneos de acuerdo!”. Pero yo no sería tan educado como el actor y, en vez de “por favor”, añadiría “por cojones”. Es inaceptable, inasumible, inconcebible y no sé cuántas palabras más que empiezan por “in” y acaban por “ble”, que estos a los que hemos votado nos lleven otra vez a los colegios electorales antes de que acabe el año.

Debo reconocer que yo sigo pensando que, al final, Pedro “El Deseado” saldrá resplandeciente de entre las tinieblas. Y, como el héroe de las pelis de nuestra infancia, como el 7º de Caballería, el Guerrero del Antifaz o el Capitán Trueno (que tiene un aire) aparecerá en el último minuto y nos comunicará que ha llegado a un acuerdo con alguien y que no vamos a elecciones. Y que esta tele-novela de nuestros diputados y diputadas terminará con un beso con lengua apretao. No sé. Igual he visto demasiadas películas épicas este verano. Pero opino que los españoles no nos merecemos una repetición electoral. O igual sí, pero considero que si nuestros políticos nos dejaran llegar a otras elecciones sería para matarlos.

Aunque hay que tener cuidado con estas frases, que luego hay gente que se las toma literalmente y yo, obviamente, no deseo que nadie apiole a nuestros representantes. Lo digo porque, sobre todo los niños, tienen tendencia a tomar las cosas por lo literal. Una tía de mi mujer siempre cuenta una anécdota que sucedió en su familia cuando acababa de nacer su tercer hijo. Era un varón después de dos niñas y estaba toda la familia muy feliz con el alumbramiento, incluidas las hermanas del recién nacido. Pero, claro, el bebé había movido el trono de las dos mayores, especialmente el de la segunda.

Un día en el que el bebé lloraba de manera desesperante, la madre del churumbel, en un momento de fatiga psicólogica extrema bramó: “¡No puedo más con este niño! ¡¡Diosssss!! ¡¡Es pa matarloooo!!”. La más pequeña de las hermanas, la más destronada por el recién nacido, le dijo solícita: “¿Quieres que lo mate, mamá?”

PAULA JUNTO A LA CUNA DE CARLILLOS. NO MUY CONTENTA…

Aunque el campeonato mundial de sutileza tras el destronamiento creo que se lo debería haber llevado mi hija la mayor, Paula, cuando nació nuestro segundo hijo, Carlillos. Era un niño bueno y no había dado excesivos motivos para generar desesperación a su alrededor. Pero un día mi mujer y mi hija salieron de casa y Paula le preguntó a su madre: “¿Y Carlitos con quién se queda?”. Nosotros, en aquel entonces, teníamos a una señora interna viviendo con nosotros y mi mujer le contestó: “Pues con María”. Y Paula, en una propuesta llena de creatividad literaria le sugirió: “¡O con el lobo!”.

LA ALEGRÍA ANTE EL ESPANTO

Lo que les cuesta a los pesimistas entendernos y respetarnos a los que somos optimistas. Todavía estoy quitándome la pesadumbre que me entró ayer cuando mi hija Paula me llamó: “¡Papá! ¡Que han encontrado un cadáver!” Paula y yo nos fuimos el lunes a ayudar en las batidas por el monte con Rocío, una amiga de la infancia de mi hija, que, desde hace unos meses, está trabajando en mi empresa.

BLANCA EN LA ÚLTIMA ENTREVISTA QUE LE HICE PARA “SEGURIDAD VITAL”

Yo no era amigo íntimo de Blanca. Hace ya muchos años conocí a su hermano Paco en un torneo de golf. Nos caímos bien y comenzamos una amistad intermitente con muchos viajes muy divertidos y coincidiendo en campeonatos por media España. En uno de esos torneos conocí a Blanca y, desde entonces, mantuvimos una relación en la que, casi siempre que la veía, era con una bolsa de palos al hombro y, como todos los Fernández Ochoa, con una sonrisa resplandeciente. La muerte de Paco me acercó algo más a una familia que, desde luego, es especial.

CON MERCEDES MILÁ, ADRIANA GÓMEZ Y PACO FDEZ. OCHOA TRAS UN TORNEO DE GOLF

Cuando el pasado fin de semana saltó la noticia inquietante de la desaparición de Blanca, le pregunté a una de las hijas de Paco si necesitaban ayuda y me dijo que estaban organizando batidas con voluntarios y que agradecerían tremendamente el apoyo de cuantos pudieran subir a participar en esa búsqueda de una aguja ínfima en 25 pajares inmensos.

Y allá que nos fuimos el lunes. Cuando llegamos, lo que nos encontramos fue totalmente opuesto a un funeral. Allí estaban los Fernández Ochoa como una piña. Los hermanos y sus parejas, los hijos y decenas de amigos que decidieron echar un cable para una tarea que no iba a ser fácil. Como siempre todos con una sonrisa de oreja a oreja. Optimistas. Y convencidos de que Blanca estaba ahí y de que la iban a encontrar viva.

Ya he contado en otras Cabras que a la gente le cuesta entender a los que intentamos sonreír ante el dolor. No es que seamos gilipollas. Es que creemos que la alegría, el optimismo, la esperanza y el pensamiento positivo sirven mucho más que todos esos sentimientos dados la vuelta hacia la desesperanza y la tristeza.

Si yo hubiera publicado en redes sociales alguna foto de mi familia cuando mi padre estaba muriéndose en el hospital o cuando lo velábamos en el tanatorio, probablemente nos habrían puesto a parir. Y habríamos leído cosas como las que he visto en estos días en ese zoológico psicopático que son los comentarios de las noticias en la prensa online y los de los que buscan saciar algún desarreglo mental con su perfil oculto de Twitter.

Puede que la gente no lo entienda, pero a mí me ha resultado muy emocionante en estos días ver a una familia unida de una manera arrebatada e intentando todos mantenerse alegres aunque eran muy conscientes de que, cada minuto que pasaba, se acercaban más al drama. No estaban contentos. Intentaban estar alegres y transmitir esa alegría y esa esperanza a los que participaban en el enorme operativo de búsqueda.

PARTE DE LA FAMILIA DE BLANCA EN UN DESCANSO DE LAS BATIDAS. INTENTANDO SONREÍR A PESAR DE TODO.

En el momento en el que hablabas con cualquiera de la familia un poco apartado del grupo, te contaba su preocupación y se le ensombrecía algo el semblante, pero en cuanto volvían a estar con los demás, allí aparecían con buena cara e intentando siempre decir algo agradable, o soltar algún comentario divertido en las paradas de descanso en las sombras del monte.

Qué emocionante, también, haber visto a cientos de voluntarios y a decenas de policías, guardias civiles, bomberos, guardas forestales y miembros de protección civil. Muchos de ellos de servicio pero otros muchos cogiendo días de vacaciones para ayudar en las batidas. Y en todos los grupos de búsqueda, un ambiente de unión, de determinación, de convencimiento de que todo ese esfuerzo tenía sentido porque iban a encontrar a Blanca viva. O muerta.

Pero, por desgracia, ayer por la mañana se confirmó la noticia. Habían encontrado un cadáver de mujer y todos los indicios apuntaban a que sería Blanca. Y poco después se confirmó. Y me imagino que a partir de hoy la autopsia y las investigaciones policiales pondrán luz para que se acaben tantas especulaciones absurdas, tantos comentarios crueles y tantas noticias soltadas al tuntún como si esas especulaciones, esos comentarios y esas noticias no fueran a llegar a una familia que estaba intentando sostenerse en un alambre finísimo.

Quién sabe qué te ha pasado Blanca. Lo que tengo claro es que el recuerdo de tu sonrisa y de tu alegría sobrevolará a la angustia de tu búsqueda y al espanto de la confirmación de tu muerte. Y que espero que tu familia sea capaz de mantener esa unión en torno a tu madre y, a pesar de todo, la alegría aunque en los últimos años os lo estén poniendo francamente difícil. No sé si eras de mucho rezar. Yo tampoco es que sea un beato. Pero estoy convencido de que estás allá arriba así que, cuando puedas, le das a Paco un abrazo de parte de Chiflis. Y un beso gordo para ti.

EL SOBACO DE LA VICE

Lo fina que tenemos la piel. Y no hablo solo de la del sobaco de la presunta futura vicepresidenta del gobierno de España, Irene Montero. Imagino que habrán conocido la polémica que ha montado un político conquense del PP al decir en Twitter que esperaba que la Montero se depilase el sobaco si iba a representar en un futuro a España.

La que han liado. Por supuesto con la letanía esa del “género” y los “micromachismos” por medio. Que no habría dicho eso si fuese un hombre. Que es inaceptable que se diga eso de la Montero. Que menudo machista, que cómo se puede fijar en sus pelos del sobaco y no en sus virtudes para acceder a la vicepresidencia… Y yo creo que no tiene nada que ver. A mí me puede parecer inoportuno, absurdo, innecesario el comentario, pero de ahí a hacer una causa (puede que judicial) contra el autor del tweet, pues creo que va un trecho gordo.

Sobre todo porque no es la primera vez que, desde la derecha, se habla de la gente de Podemos haciendo referencia a la falta de higiene personal de algunos representantes del partido morado. Como si, por el hecho de tener el carné del PP ya se te supusiera un olor corporal glorioso, una presencia impecable y una elegancia innata. Que me descojono.

Pero no tiene nada que ver con machismo o feminismo. Anda que no se ha hablado del pelo grasiento de Pablo Iglesias, que, frecuentemente, parece que acaba de salir de la churrería de freír 1.536 porras y 3.225 churros. O anda que no dijeron políticos del PP de todo sobre la fauna microscópica y de pequeños insectos y/o mamíferos que debían habitar en las rastas del diputado canario Alberto Rodríguez.

Cuando se hicieron aquellas primeras críticas a Rodríguez se atribuyeron más al clasismo que a otra cosa y los de Podemos estaban indignadísimos. Y da igual de lo que hablemos; asuntos así lo que dejan claro es que tenemos siempre la piel finísima cuando alguien nos toca esa fibra que nos hace saltar. Y depende de cómo pienses, esa piel fina se te resquebraja por un lado o por el otro.

En temas religiosos, por ejemplo, si eres de izquierdas te salta la piel fina si alguien hace un chiste grueso sobre musulmanes, Mahoma o Alá. Si eres de derechas, normalmente, la finura te surge si alguien hace un chiste grueso sobre curas/monjas, Cristo, Dios o la Virgen. Recuerdo, sin ir más lejos, la que se montó con las portadas de Charlie Hebdo o cuando unas feministas organizaron en Sevilla la procesión del “Santísimo Coño Insumiso” y las procesaron por un delito contra los sentimientos religiosos. O, más recientemente, se ha abierto investigación judicial por la exposición en Córdoba de una Virgen en una posición no muy casta con la mano en la entrepierna.

A mí puede no gustarme que se haga ese tipo de arte, ni ese tipo de humor, ni creo que deba uno ridiculizar o reírse de las creencias de otro. Pero ¿debemos convertir en causas judiciales lo que es expresión artística, de opinión o una creación humorística? Yo opino que no.

Esta semana se ha sabido que un poeta segoviano se enfrenta a una petición de 1 año y medio de cárcel por haber hecho unos chistes en Twitter. Él, como poeta, asegura que eran “aforismos” y que así deben entenderse. El problema es que esos aforismos o esos chistes los hizo sobre el pobre niño Julen en los días en los que se intentaba rescatar al pequeño en Totalán. Que podrán imaginar cómo de fina teníamos todos la piel respecto al niño, a su familia y a los que intentaban recuperar con vida a Julen.

Camilo de Ory hizo varios comentarios supuestamente graciosos en su cuenta de Twitter y hoy se enfrenta a una petición de cárcel y de indemnización por un delito contra la integridad moral de los padres del niño. Que, claro, aquí lo que hay que preguntarse es si el poeta pretendía hacer ese daño y si era consciente de que sus chistes iban a llegar a tener la repercusión que tuvieron.

Porque a la hora de valorar, es un poner, una calumnia o una difamación cuenta mucho el altavoz que utiliza el que delinque. O sea; no es lo mismo decir algo en una barra de un bar, que decirlo en un periódico local, hacerlo en una radio o en un programa de primetime de una cadena de Televisión nacional.

Cuando publicamos un tweet puede que lo que escribimos lo lean nuestros 100, 500, 3.000 seguidores, o puede que llegue a millones de personas si, por esas cosas de la vida, tu publicación entra en eso que hoy se conoce como “viralidad”. Si lo que pretendías era vender algo, pegas una campanada de la leche, pero si estabas haciendo un chistecillo chorra para que se rieran tus amigos poetas, y poco más, pues estás jodido. Que es lo que ha sucedido en este caso.

A nosotros pueden no hacernos ni puta gracia. Pero los chistes, los aforismos de Camilo, la procesión vaginal, la Virgen obscena o el tweet del concejal del PP sobre las axilas de Montero, no son ni para crucificar a nadie, ni, mucho menos, para abrirles un proceso judicial. No digo que, en algunos casos, no pueda o deba haber un reproche social e incluso que uno de los ofendidos le parta la cara con razón a los transgresores, pero tenemos que dejar de saltar como un resorte cuando alguien nos toca ese punto en el que nos brota el orangután.

Que el sentido del humor no es reírse solo de lo que nos hace gracia. Es reírnos también de algo que puede estar rozando nuestros principios más sagrados, sean políticos, morales, sentimentales, religiosos, de clase social o de género. Y, que si algo no nos hace gracia, no se nos ponga la vena como un cabo del Titanic y no nos surja el australopiteco para exigir a los jueces que actúen o a los políticos que legislen para que nadie más vuelva a hacernos tal afrenta. No es obligatorio que nos riamos. Lo que yo sí creo que es exigible, en el siglo XXI, es que no queramos quemar en la hoguera al que nos toca, aunque sea sin querer y muy levemente, los huevos.

PUES NO SÉ SI YO SOY BORJA

Es un poner. Pero ¿si Borja se llamara Mustafá estaría Vox pidiendo dinero para ayudarle?

Imagino que conocen la historia desgraciada de un joven trabajador de una discoteca que, junto a dos amigas, presencia cómo un hombre y una mujer patean a una señora a la que quieren robar el bolso. Acuden a ayudar a la mujer y los ladrones escapan con el bolso. Borja, que así se llama el héroe/villano, da alcance al ladrón, se enfrenta a él y le da dos puñetazos que acaban provocándole la muerte.

Una sentencia judicial condenó a Borja a dos años de cárcel y a pagar 180.000 euros a las hijas del muerto y la Audiencia provincial de Málaga confirmó hace unos días que Borja debe entrar en prisión. Desde que saltó la noticia hay un debate intenso entre los que piensan que mi paisano es un héroe y los que creen que no tanto.

Como sucede en todo, en este momento en el que vivimos, el caso se ha politizado y Vox no solo pide el indulto de Borja, al que consideran un ejemplo. El partido de Abascal solicita, además un cambio legal para reconocer la legítima defensa aunque sea en defensa de terceros y han recaudado dinero para ayudar a Borja a pagar la indemnización.

Y aquí llega la pregunta: ¿Es Borja un héroe? ¿Es un hijoputa? ¿Es un homicida imprudente como dice la sentencia? Y, sobre todo, ¿debe entrar en prisión? Yo no lo tengo claro. Estoy pecando quizás de osado porque lo único que he hecho ha sido leerme la sentencia, pero ni estuve en el juicio, ni soy jurista. Por tanto no puedo criticar si está bien fundamentada jurídicamente, que entiendo que sí porque ha sido ratificada por otro tribunal, pero sí puedo decir que a mí, en algunos aspectos, me parece incomprensible.

No puedo entender que un juez, por escrito, haga eso tan español de poner la buena postura a toro pasado. Aquello de “a toro pasado, todos somos Manolete”, es decir; que, cuando hay que poner la postura chula y torera es cuando el morlaco pasa por tu femoral. O sea; que no tiene valor encogerse con el culo para atrás cuando llega el toro y estirarse artísticamente cuando el cornúpeta está ya en Murcia.

¿ACTUAR O ESPERAR?

Y en la sentencia hay un momento en el que el juez fundamenta el “homicidio por imprudencia grave” en el hecho de que Borja pudo haber llamado a la policía o haber seguido al ladrón a una distancia prudencial hasta que apareciera la policía. O McGiver. Lo de McGiver es aportación mía. No viene en la sentencia. Pero a mí me parece igual de chorra.

PASAJE DE LA SENTENCIA

Cuando Borja alcanza al ladrón y forcejea con él, la sentencia no da por probado que el ladrón intentara agredir dos o tres veces a Borja, pero sí da por probado, porque además Borja lo reconoce, que el acusado le dio dos puñetazos en la cara, en el cuello o en la cabeza, que le hacen caer al suelo y golpearse.

Borja recuperó el bolso y salió por piernas dejando al ladrón en el suelo en compañía de su cómplice. Volvió al lugar del robo a reunirse con sus amigas y con la víctima del delito y cogieron un taxi para alejarse de la zona.

Y aquí viene lo del toro pasado. Lo fácil que es decir lo que uno tendría que haber hecho cuando lo piensas sentado en tu despacho, con tu aire acondicionado y con tu vasito de agua o tu bourbon con hielo. La sentencia da por hecho que, en el transcurso de los acontecimientos, Borja debería haber tenido la sangre fría de un camaleón para no irse directo a por el ladrón a reclamarle que devolviera el bolso a su dueña.

LA SANGRE CALIENTE

No sé. Me cuesta ponerme en el lugar de Borja porque no sé si yo habría tenido las pelotas de ir a ayudar a la pobre víctima que estaba siendo pateada en el suelo por el muerto y su cómplice. Pero, si lo hubiera hecho, estoy seguro de que no habría llegado allí como un Lord británico diciendo: “Caballero, le ruego que deponga su actitud violenta y no golpee a una mujer indefensa para robarle”.

Probablemente me habría dirigido a él entre insultos. Con la sangre bastante caliente y los pelos de la nuca erizados, como los perros. Y, si, como pasó, los malos hubieran huido corriendo pues, poniéndome en la piel del valiente Borja, me habría ido tras ellos probablemente con el corazón a 200 y una mezcla en el cuerpo de cabreo y acojone al 50%. ¿Puede alguien pensar que, cuando llegó Borja, el ladrón le contestó como otro Lord inglés?: “Buen hombre, tenga la bondad de no intentar arrebatarme lo que, ahora, ya es mío”. Pues, francamente, me cuesta imaginarlo. Estoy seguro de que, como dice Borja, el ladrón, entre insultos y también con el corazón a 300, debió intentar agredirle y ahí Borja le soltó los dos puñetazos que, finalmente, fueron fatales.

La pregunta en todo esto es: ¿Tiene sentido que Borja persiga al ladrón y le pegue para recuperar el bolso? Porque puede estar justificada la violencia para lograr que el ladrón deje de golpear a su víctima. ¿Pero es igual de “justo” perseguir al chorizo y golpearle para recuperar un bolso?

¿BORJA EL ALTRUISTA?

TWEET DE “EL MUNDO”, QUE APOYÓ DESDE EL PRINCIPIO A BORJA

Por eso yo no tengo tan claro que yo sea Borja, como rezaba ese hashtag que ha circulado en estos días. Y no estoy diciendo que el muerto fuera un angelito. Que seguro que era un cabrón con pintas. Ni estoy diciendo que Borja deba entrar en prisión. Lo que sí digo es que investir como héroe a alguien que se lía a puñetazos en mitad de la calle puede ser peligroso. Porque el arranque de su actuación en esa historia terrible de una madrugada de mi tierra, fue glorioso. El final, desde luego, no.

A los que sí metía yo en la cárcel es a los pesaos que han inventado lo de la aplicación esa que te enseña cómo vas a quedar cuando envejezcas. Cojones; la grima que da. A mí me lo ha hecho mi hija la mayor pero me he negado a descargármela. Prefiero recordar cómo era yo hace unos años que verme ya con un curioso parecido no sé si a mi padre o a mi tío el cura.

EL AUTOR, A LOS 11 AÑOS, ENFADADO PORQUE SU MADRE LE REPEINÓ EN EXCESO…

 

YO TE LO PERDONARÍA, ALBERT

Se está convirtiendo en el malo de todas las películas. Y eso no tiene por qué ser negativo en sí mismo. Que hablen de uno. Aunque sea bien. Pero creo que Albert Rivera está entrando en los últimos tiempos en una deriva que empieza a parecerse inquietantemente a la de la Rosa Díez de los estertores de UPyD.

Yo te lo perdonaría, Albert. Que pactases con Pedro Sánchez, el Inmaculado. Porque desde hace un tiempo no entiendo lo que dices. Ni lo que haces. Millones de españoles clamábamos por tener un gobierno que no dependiera de los independentistas ni de los populistas de izquierdas o de derechas. Y resulta que tú lo tienes a huevo para conseguirlo y has decidido que no. Que con Pedro Sánchez, el inmarcesible, no. Aunque eso, justamente, signifique que el más guapo de los presidentes del gobierno que ha habido y habrá, tenga que pactar con los que te dan pereza.

LA GRANDEZA DE PACTAR

Es raro de cojones. La verdad. Deberías darle una pensada. Entiendo que tal acuerdo te provocaría algunos problemillas en Andalucía, por ejemplo, y te tumbaría otros pactos en ayuntamientos y comunidades. Pero, coño, Albert, salvaríamos el gobierno de España. Quizás también habría muchos de tus votantes que te recriminarían por haber dicho una cosa y hacer la contraria, pero a estas alturas de la película, no nos vamos a poner tiquismiquis, ¿No?

Creo que la mayor parte de tus votantes y de los votantes de otros partidos besarían a tu paso si desbloquearas la situación y, dando una muestra de Grandeza, pusieras a España por delante de ti, de tu partido y de tus posibles ministrables y vicepresidenciables.

¿NO QUERÍAMOS UN GOBIERNO FUERTE?

¿No queremos un gobierno fuerte? Ahí lo tienes. ¿No queremos un gobierno de España que no dependa de independentistas? Ahí lo tienes. ¿No queremos un ejecutivo que se libere de los populistas de derecha y de izquierda? Ahí lo tienes. Con los 123 diputados del PSOE y tus 57, una mayoría absoluta de 180 escaños. Y me sorprende que, con lo listo y lo hábil que me parecías hasta hace poco, estés tardando tanto en ver que eso es lo que tienes que hacer. Pero ya.

El problema es que debes estar escuchando voces que no sé a dónde te quieren llevar. Quizás no seas consciente de que, desde aquella foto evitable de Colón, Ciudadanos ha dejado de ser un soplo de aire fresco en la política española, para convertirse en no se sabe muy bien qué. Tu tono faltón, chuleta y extemporáneo en los debates condujo a muchos a pensar que, o habías cambiado, o que alguien (muy influyente para ti) te había aconsejado penosamente mal.

SOLO CON LA PUNTITA

Eso por no hablar de lo ridículo que está siendo todo esto de vuestra relación-no-relación con Vox. Que me recuerda a cuando Clinton intentaba convencer al mundo de que una felación no es una relación sexual. Vosotros no sé si estás haciendo guarreridas con Vox, o si solo es la puntita, pero vaya, que, sin ser experto en las cosas del amor, yo creo que algo de folleteo ahí sí que hay.

Pero los de Ciudadanos con Vox estáis como el casado de las pelis de finales de los 70 con la querida oculta. Que la amante os pedía formalizar de una vez la relación y vosotros diciendo: “que sí, que sí, que mañana me divorcio”, dilatando una situación que al final siempre acababa siendo la inconcreción de la nada. Y, si tu mujer no se enteraba, pues a otra cosa, butterfly, pero, si se enteraba, que es lo que me da que te está pasando, pues el Alfredo Landa de turno, o el Pajares, o el Esteso, se acababan quedando sin mujer y sin la amante. Y ni folleteo, ni ná.

Yo, que tú, le daba una vuelta. Seguro que en el corto plazo vas a tener un seísmo incontenible bajo tus pies. Pero la buena política, la de peso, la política de Grandeza puede aguantar el medio y el largo plazo. Tanto que os gustan las encuestas; date una vuelta y pregunta. Entérate de lo que dice la gente y quizás, después de un rato escuchando, te des cuenta de que el mejor favor que te puedes hacer a ti, a tu partido y a tu país, es sentarte a negociar con el que representa a la lista más votada.

No puedes no ir a Moncloa. Siéntate con él y buscad un pacto que aleje de España los peligros que hoy la acechan. Es cierto que lo harás con un presidente muy mejorable. Sin duda. Con Pedro Sánchez, el Narcisista. Es verdad. Con el que negoció con quien hizo falta para ganar la moción de censura. ¿Y qué? Hoy Pedro Sánchez, el Apolíneo, está en una situación de suficiente debilidad como para aceptarte muchas de las cosas que le pidas.

SI CONDUCES, NO CHATEES

Pero no sé por qué me da que estoy predicando en el desierto. Como cuando le dices a la gente que es peligroso usar el móvil en el coche. Y te miran como diciendo: “Qué obviedades más obvias dice este hombre”. Pero luego todos somos tan burros como para leer mensajes que nos llegan o, peor, estar tan locos como para escribir mientras conducimos.

Por eso ayer se presentó en Madrid una campaña de la Fundación CEA que pide a los conductores: “Si conduces, no chatees”. Que no seamos buuuurros y que hagamos como en el avión y pongamos el móvil en modo coche. Que ya se puede hacer en los iPhone y, en otros modelos, hay aplicaciones gratuitas para conseguirlo.

COCHES FÚNEBRES A 140 KM/H

Y así no seremos tan animales como el conductor de un coche fúnebre de Interfunerarias que ayer me adelantó en la carretera de la Coruña. Yo iba a 120 km/h y se me pegó al maletero. Cuando pude apartarme para que me pasara, vi, con gran sorpresa, que iba cargado y ahí llevaba en la trasera un féretro con su cadáver, sus coronas y sus ramos de flores. A más de 140. Y no sé qué urgencias agobiaban al chófer porque, por desgracia para el finado, lo único claro ayer es que el cliente que iba en la caja de pino, prisa no tenía ninguna.

MESÚALAPOLLA

Hala. Así leído queda fatal. Pero, con lo que cuesta buscar el título de las Cabras, paso de cambiarlo. Además define perfectamente el pensamiento o, peor, el quejío que suelta mucha gente cuando alguien protesta por su dejadez, inoperancia, negligencia o mala educación: “Mesúalapolla”. Que, dicho en lenguaje menos soez, viene a ser: “Me importa, entre uno y tres pepinos, que te moleste lo que yo hago, o que llames mil veces porque no pienso coger, o que mi falta de rigor pueda provocar un problema”.

VECINOS MALEDUCADOS

Pensaba en esto anoche. Hace unos días recibimos todos los vecinos una atentísima carta del presidente de esta nuestra comunidad en la que nos pedía determinados comportamientos cívicos. Cosas bastante normales, no piensen que es un melindres; no dejen que sus perros meen en cualquier esquina, recojan las heces, no abandonen bicicletas tiradas en cualquier lugar y, si cogen un carrito de la compra de un portal que no es el suyo, devuélvanlo a su sitio.

Y aquí tienen testimonio gráfico de lo que la carta le afectó al imbécil (o a la imbécila) de mi vecino/a que piensa que las normas se hacen para los que no somos tan inteligentes como él/ella.

Un día más, este ser vuelve de la compra, coge el carro de su portal y otro más y ahí lo deja. Que ya vendrá alguien con más tiempo libre que él/ella y lo pondrá en su sitio. Vaya, que le súalapolla si su actitud nos molesta los demás.

SERVICIO DE ATENCIÓN NULO

Esto no crean que es exclusivo de mis vecinos. Constantemente tenemos alrededor ejemplos de personas a las que les importa todo un huevo. Por ejemplo, yo creo que voy a convocar un concurso online para descubrir al peor servicio de atención al cliente del país. Mi voto sería, indudablemente, para la secretaría de Alumnos de mi Facultad; la de Ciencias de la Información, en la rama de Periodismo de la Complutense. Resulta que estoy pensando en hacer un máster en la UNED y, entre otras cosas, me piden un certificado académico de mis notas. Que ya me dirán ustedes la utilidad de semejante documento 31 años después de haber terminado la carrera. Pero lo piden.

Me metí en Google para buscar la manera de hacer esta gestión online y, a pesar de que estamos en 2019, no es posible. Solo hay dos vías telemáticas; llamar por teléfono o solicitarlo vía email. Como soy un optimista enfermizo, el primer día me puse a llamar a los 4 teléfonos. Con poca esperanza, pero, viendo el nulo éxito, ya se convirtió el tema en algo casi personal. Como estaba en mi oficina escribiendo una presentación, me lo tomé con calma; puse el teléfono en altavoz y le daba a rellamada cada vez que el teléfono se colgaba. Y nada.

Hice todas las combinaciones posibles; llamar siempre al mismo durante un rato. Ir alternando y cada vez llamar a uno distinto. Centrarme solo en los dos últimos del listado. Imposible. Y pensaba en lo que estaría diciendo el/la funcionario/a que estuviera ahí escuchando sonar el teléfono. Seguro que lo adivinan porque va en el título de esta Cabra. Se la suda. Muchísimo.

Lo malo es que, viendo la ineficacia del servicio de atención telefónica, me decidí a intentar la vía email. Les mandé un correo hace ya días con todos mis datos, fotocopia del DNI y tal y tal. ¿Han recibido ustedes mi certificado? Yo tampoco. Pero es que ni siquiera tienen un servicio automático de esos que te dicen: ”Estimado Carlos María (en el DNI así vengo) hemos recibido tu solicitud y no nos suda nada”. Pero no.

NO DA IGUAL 8 QUE 80

Y ya que hablamos de la facultad de Periodismo, no quería dejar de referirme a mis compañeros que se dejaron el rigor en las aulas. Imagino que siguieron la semana pasada las noticias sobre los terribles incendios de Cataluña y Madrid. Como pasa siempre en verano, cuando estás haciendo un informativo, te agarras como a un clavo ardiendo a cualquier noticia que te pueda ocupar más de 5 minutos de tu noticiero. Y, si la cosa se puede llevar a 10, pues tu felicidad se completa. El problema es cuando, por llenar, uno empieza a patinar por encima del rigor periodístico y pasan cosas tan curiosas como que, al tercer día de incendio, como por sortilegio, las hectáreas quemadas sean menos que las del segundo día de incendio.

Con las superficies calcinadas pasa como con las pérdidas millonarias cuando hay unas riadas. Yo recuerdo que, en mi época, ningún gremio perdía menos de 10.000 millones de pesetas si le pasaba algo. Daba igual si era incendio o inundación o si se trataba de agricultores de la fruta o de dueños de viñedos. 10.000 millones de pesetas de pérdidas. Y con las hectáreas también da igual. Coño. Di 6.000. Que quién se va a poner a contarlas. Y si al final del incendio son 4.000 pues no pasa nada. Hemos llenado nuestros minutitos. Hemos hecho nuestros directos con cara de mucha angustia y hemos dejado claro qué parte del cuerpo nos suda a la hora de informar al populacho.

UNA SEÑORA MUY FINA

En fin. Quería hablar también del momento Matrix de Pedro Sánchez con Trump y con esa cantidad de cosas que, según nuestro presidente del gobierno, le dijo el líder del mundo libre en el segundo y 25 centésimas que se dirigió a él indicándole con el dedo un asiento. También quería preguntarle a Albert Rivera si cree que le merece la pena empezar a parecerse tan inquietantemente a la Rosa Díez de los días de la descomposición de UPyD. Pero se me acaba el folio y no quería terminar sin hablar de una señora que marcó mi infancia y que, en una Cabra así titulada, merece un hueco.

Era un día de esos de terral en Málaga. Me monté en el autobús 11 para ir a casa y, como me habían enseñado mis padres, le dejé el sitio a una señora muy gruesa que se subió un par de paradas más adelante. El bochorno era tremendo y, en aquella época, el único aire acondicionado era el abanico que la dama movía enérgicamente. A mí me llegaba el airecillo del vaivén y estaba casi feliz, hasta que lo hizo. Así, como quien no quiere la cosa, la señora se cogió la falda, la levantó, colocó el abanico entre sus piernas y, con la misma energía anterior, se refrescó el monte de venus.

Podrán comprender que en mis tiernos 9 años, aquella demostración de elegancia me llegó al alma y, desde entonces, si le cedía el asiento a una señora, corría a colocarme lo más lejos posible de la interfecta. No fuera a ser que a esa, también, le sudase levemente la entrepierna.

SECUNDARIOS

Lo a gusto que se está, en ocasiones, en segundo plano. Y mira que a mí me gusta estar siempre delante, aunque eso te cueste que te partan la cara tres o cuatro veces al año. Pensaba ayer en esto cuando vi la noticia de que el segundo entrenador de Luis Enrique se va a quedar con el cargo de Seleccionador Nacional después de la dimisión del asturiano por motivos personales.

UN SELECCIONADOR SIN EXPERIENCIA

Y me resultó muy chocante. No digo que nos vaya a salir mal el experimento, que puede que Robert Moreno se destape como un genio y a la Selección le vaya fenomenal. Lo que pienso es que en España, con frecuencia, se le da muy poco valor a las personas que llegan a tener la responsabilidad de dirigir un equipo. Cuando las cosas funcionan, sobre todo en el deporte, siempre parece que el entrenador ha tenido la suerte de encontrarse con buenos jugadores, pero que no ha sido su talento el que ha ayudado a que esos jugadores sean mejores.

Recuerdo, sobre todo, las distintas épocas de Vicente del Bosque en el Real Madrid y en la Selección. Siempre se le ninguneó desde algunos frentes. Cuando estuvo en el Madrid ganando ligas y Champions, no era su talento, era el de un equipazo con el que hasta un niño de 7 años habría conseguido triunfar. Y cuando ganó Mundial y Eurocopa con el equipo nacional, no fue nunca su capacidad de gestionar grupos y de reaccionar a desafíos tácticos, sino que tuvo la suerte de encontrarse con un equipo que había hecho Luis Aragonés.

Y ojalá me equivoque, pero con el caso de Luis Enrique, ha sucedido algo parecido; nunca nadie dio mucha importancia a sus éxitos, quizás a los que obtuvo con el Celta. Pero, por ejemplo, los del Barça parecía como si fueran de Messi y de los entrenadores que habían estado antes y, cuando entró en la Selección, lo hizo bajo sospecha. Ahora, cuando un problema familiar le ha obligado a dejar el cargo, se produce ese absurdo tan español del “pa esto vale cualquiera”. Y colocan en un cargo de máximo estrés a un joven entrenador que jamás ha dirigido él solo a un equipo medianamente importante.

LA IMPORTANCIA DEL LÍDER

¿Es tan esencial la figura del entrenador? Joder. La sola pregunta me parece ridícula, pero el director, el jefe de un equipo es básico para que las cosas marchen bien. Y un entrenador es eso. Es una persona que debe tener contentos a los que juegan y a los que no. Debe gestionar los egos de las estrellas de su equipo y los sentimientos de agravio de aquellos que se sienten estrellas y no son tratados como tales. Y la experiencia en la gestión es esencial cuando te toca resolver un marrón de los gordos.

¿Digo con esto que un secundario, un subdirector, un segundo entrenador no pueda ejercer la dirección? No. Lo que digo es que, puede que ante los marrones reaccione bien, o puede que no. Porque nunca se sabe cómo va uno a desenvolverse cuando, de repente, el barco se está hundiendo y todos los pasajeros miran hacia ti, nerviosos, esperando que se te ocurra la manera de evitar el naufragio. Para mí lo que diferencia al líder natural de los que no lo son es la capacidad de tener templanza en los momentos de tribulación; los que sacan lo mejor de ellos mismos cuando, los demás, se cagan.

CO-PRESENTADORES Y TERTULIANOS

Eso de no valorar del todo al líder ocurre también en la televisión, que es un mundo en el que se pasa de sobrevalorar hasta el absurdo a las estrellas, a infravalorarlas de una manera igualmente absurda e innecesariamente cruel. Los buenos líderes televisivos hacen mejores a los que están con ellos. Y ha sucedido en muchas ocasiones que presentadores secundarios que eran unos magníficos co-presentadores, no han conseguido triunfar cuando se han quedado solos. Cuántas veces se le han dado programas a colaboradores brillantes, a tertulianos chisposos y, cuando se les ha puesto ahí solos a dirigir el barco, se ha echado en falta a aquel que los hizo grandes, brillantes y chisposos.

Piensen en secundarios que han salido adelante; María Teresa Campos, Nieves Herrero, Manel Fuentes, Florentino Fernández, Jordi Évole, Broncano… No sé. La lista podría ser interminable. Aunque no tan larga como la de los que intentaron triunfar y no lo consiguieron en solitario.

En el cine pasa algo parecido y es muy raro el actor secundario que logra quitarse esa losa de la cabeza y llega a ser un actor principal cotizado. Uno de esos “rara avis” es Antonio Resines que, hasta que ganó un Goya por su papel protagonista en “La Buena Estrella” no era considerado un actor de primer nivel. A pesar de este triunfo, a Resines le costó un tiempo quitarse ese sambenito y les voy a contar lo que nos sucedió a ambos cogiendo un avión hace quince o veinte años.

UN GRAN ACTOR EN APUROS

Nos encontramos en el pasillo de la cabina. Tenemos un buen amigo común y en algunas ocasiones, habíamos coincidido, de manera que, aunque Antonio y yo no somos amigos, nos conocemos y nos tenemos el aprecio que se tiene a los amigos de tus amigos. Estábamos comentándonos qué tal nos iba a ambos cuando yo me di cuenta de que un anciano quería subir su maleta al altillo. Me ofrecí a ayudarle y el hombre nos miró a ambos con ese descaro que solo tienen los niños y los ancianos y me dijo: “Muchas gracias. A usted lo conozco yo. Usted es presentador de televisión.” Al momento, se giró para Resines y le soltó: “A usted también lo conozco. Es usted un gran actor de segundo orden.”

La verdad es que a ambos nos dio la risa con la definición tan bien y tan ácidamente estructurada del caballero, y nos miramos con esa cara de “joder la gente cómo es”. Pero cuando estábamos sentándonos Resines, que es un cachondo, me dijo con el tono ese coñón que le da a sus personajes de comedia: “Pues me ha tocado los cojones el tío este”.

Supongo que a Robert Moreno, si la leyera, esta Cabra le tocaría también los cojones y confieso que nada me gustaría más que estar tan equivocado como aquel abuelete ácido que nos encontramos en el pasillo de aquel avión.

YO NO ME ABURRO

Jamás. Llámenme simple. Pero no me aburro jamás. Quizás fueron los años de nadar en un equipo y pasar horas y horas del verano viendo la línea negra del fondo de la piscina mientras entrenaba. O a lo mejor ya lo traía de serie. Porque recuerdo que, cuando era pequeño, me despertaba a las 6 de la mañana todos los días y le iba a pedir a mi madre pan, aceite y azúcar. Y mi madre, en vez de mandarme a la mierda, se ponía cada noche un plato con aceite junto a la cama y, cuando yo llegaba, mojaba el pan, le echaba azúcar y me mandaba al salón.

Hoy supongo que yo me habría hartado de jugar a las maquinitas o me habría visto 1.354 veces todos los capítulos de Bob Esponja o, más de mi tiempo, el Oso Yogui o Don Gato. Pero a finales de los sesenta y principios de los setenta, si te mandaban al salón de tu casa, o te ponías a leer, o te ponías a leer. Y así, con 8 ó 9 años me debí convertir en el único niño del Planeta Tierra que se había leído los 4 primeros tomos de la enciclopedia taurina de José María de Cossío. Bueno; eso y la vida de Kennedy y la de Manolete y un montón de otros libros que, de manera un poco desordenada, iban cayendo de la estantería del salón.

Pero recuerdo también muchos momentos de no hacer nada. De estar, simplemente, pensando tonterías, imaginando cosas o mirando al frente con cara de nada. Lo que hoy se denomina “quedarse empanao”. Eso del empanamiento me sigue pasando, pero también me he traído de la infancia la capacidad de no aburrirme y ambas cosas, por lo general, provocan sorpresa entre la gente que me rodea.

En el gimnasio. Cada vez que voy a ese espacio de sufrimiento colectivo noto las miradas de la gente cuando ven que no llevo cascos. “pobre, se le han olvidado los cascos”, “Qué pringao; comerse este marrón de dominadas o de cinta sin poder oír música”. Y a mí no es que no me importe, es que me gusta ir sin cascos y poder estar ese rato pensando. No sé si a ustedes les pasa, pero yo tengo la sensación de que esta vida que vivimos no invita nada al pensamiento. Estamos llenos de estímulos y, si alguien te ve con la mirada perdida sin estar, aparentemente, haciendo nada, te conviertes en un bulto sospechoso.

Es como una alerta colectiva: “¡Cuidado! ¡¡Que ahí hay un tío pensando!!” y en muchas ocasiones tu familia o tus amigos te interrumpen de manera destemplada y en tono de interrogatorio policial te dicen: “¿Pero en qué estás pensandoooo? ¡Que te has quedao empanao!”. Porque, lo normal, a lo que nos invita el entorno, es a no parar. Y, si paramos, dirigimos la mirada al gran enemigo del pensamiento que es el teléfono móvil.

No tengo nada en contra del avance de la tecnología. Todo lo contrario. El móvil, Internet, el email, las redes, me han permitido montar mi empresa y comunicarme con muchas personas a las que tendría más lejos si no fuera por estos medios de comunicación que son como una lámpara maravillosa. Pero creo también que nos han quitado espacio no solo con los demás, sino con nosotros mismos.

Para mí, el principal problema de los móviles es que nos han robado minutos de reflexión, de darle vueltas a las cosas. Yo mismo, que estoy diciendo esto, uso probablemente el móvil mucho más de lo que debería. Y eso que, sobre todo en fin de semana, lo tengo más apartado de mi vida. Pero el móvil te invade y hace que, cuando nos quedamos sin batería, vivamos una angustia vital quizás superior a la del que se queda sin agua en el desierto.

Yo recuerdo los años en los que viajaba en avión todas las semanas como mínimo 2 veces. La gente me decía: “¡Menudo coñazo las esperas en los aeropuertos!”. Y, hombre, no voy a decir que me gustara que se retrasaran los aviones, pero sí puedo asegurar que me gustaban esos momentos de paz entre la prisa tremenda. Siempre llegaba al aeropuerto corriendo, con la angustia de perder el avión y, normalmente, cuando me recogían en destino, volvía a correr porque llegaba tarde a casa, o a una reunión o a una grabación en la que estaba todo el equipo esperando. Por eso, esas pausas aeroportuarias y el viaje en avión a mí me daban paz y me permitían leer tranquilo o, únicamente, sentarme a pensar.

Ayer le daba vueltas a esto del aburrimiento en los toros. Lo aburrido que tiene que estar uno en su vida para convertir en tu objetivo existencial el decir alguna cosa mientras la gente está callada y un torero se juega las pelotas en el ruedo. “¡Viva España!”, ”¡Viva el Rey!”, incluso: “¡Viva el 155!” que gritó uno el otro día y yo estuve a punto de contestar: “Por el culo te la hinco”. Pero me contuve.

Ayer era la corrida de la Beneficencia y, como es tradición, acudió el Rey Felipe VI. Lógicamente, el afecto al Monarca y el aburrimiento vital de decenas de aficionados hizo que hubiera más gritos que los habituales y, cada minuto se oía un “Viva el Rey” un “Viva España” o un “Vivan los toros”, que no sabe uno si es un grito de apoyo a la tauromaquia, o de apoyo a los del Pacma. Pero fue muy curioso el momento en el que uno, que debía estar aburrido de cojones, gritó: “¡Viva la República!”.

La que se lió. En el delirio en el que nos ha instalado toda la mierda esta del Procès y de la convulsión política, miles de espectadores en vez de callarse o apoyar el ¡Viva!, se pusieron a pitar y a gritar: “¡Fuera, fueraaa!”, como si el hecho de ser republicano, le redujera a uno el derecho a sentirse tan aficionado como los demás. Yo no soy republicano. Tampoco es que sea un monárquico de los de tatuarme una corona en la nalga. Pero me da muchísimo por saco que los aficionados a los toros demos la razón a los que piensan que somos unos casposos sin remedio.

Yo sentí vergüenza. Y estaría bien que los que ayer abuchearon al que gritó ¡Viva la República!, soltaran hoy el móvil un ratito y reflexionaran sobre el tema. Pero me da que no les va a pasar. Así que mejor me callo, no sea que uno de estos me esté leyendo, se cruce conmigo esta tarde en los toros, y me introduzca su celular por el recto.

 

LA MANIFA

No entiendo que cueste tanto entenderlo. Lo de la democracia, digo. Es curioso cómo a infinidad de amigos míos de izquierda y derecha les cuesta aceptar lo que dicen las urnas o lo que resulta de las sumas de parlamentarios cuando los pactos le quitan el poder a quien tú quieres.

No hay que irse muy lejos para recordar a tantos y tantos llamando a Pedro Sánchez “el Okupa” por llegar a la Moncloa con muchos menos escaños que el partido al que desalojó de la presidencia del Gobierno. Y hoy mismo tenemos a los del otro lado, los que se indignaban con los que llamaban okupa a PS, que acaban de convocar una manifa para pedir que Manuela Carmena siga como alcaldesa de Madrid. Que flipo.

Imagino que a ustedes también les habrá pasado. Después de las elecciones generales decenas de amigos míos de derechas compartieron conmigo infinidad de memes, wassaps y tontadas varias en las que partían de la base de que los votantes que dieron la victoria a Pedro Sánchez eran poco inteligentes. Fotos de filósofos, políticos e intelectuales acompañadas de un texto en el que se daba por hecho que, a veces, los pueblos son tan estúpidos que le dan el poder a quien no deben.

Y, hombre, es cierto que ha habido pueblos que se han equivocado y han llevado al gobierno a sátrapas que luego los han masacrado, pero, en este tipo de reacciones lo que se esconde es, sencillamente, una negación de la realidad como la copa de una secuoya. Esa negación infantil de lo que está pasando, se ha repetido este fin de semana entre decenas de amigos míos que penan por la posibilidad de que Manuela Carmena pierda la alcaldía de Madrid. Lo malo es que, como mis amigos de derechas cuando el 28-A, opinan que el pueblo se ha equivocado y que es una pena que Madrid caiga “en manos de la ultraderecha y de la ignorancia” (sic).

Es una concepción elitista de la vida que comparten muchos de izquierdas y muchos de derechas. Con sus matices. Conservadores (hace poco tuve una apasionante discusión con un amigo) que están convencidos de que no puede valer lo mismo su voto que el de una persona sin formación. Progresistas que opinan que, en general, la gente de izquierdas, per se, tiene una finura intelectual superior a la que tienen los fachas que, como todo el mundo sabe, guardan libros en casa porque los han heredado, o porque los han comprado para adornar, pero no se han leído ninguno. Y unos y otros, con su sensación de superioridad moral y mental, se indignan cuando el pueblo, equivocado, no vota lo que ellos quieren o cuando las aritméticas parlamentarias dan como resultado un gobierno contrario al de sus amores.

Que si uno le da una vuelta a lo que ha pasado en Madrid, rápidamente puede hacer el análisis. Madrid es el paradigma de la galleta, tortazo, leche, bofetón, batacazo u hostia que se ha pegado Podemos. Aunque yo diría, en vez de Podemos, Pablo Iglesias. Sin embargo el gran ideólogo Monedero, en un tweet, a quien echaba la culpa era a Íñigo Errejón. Y así pueden seguir, como el PP, instalados en la búsqueda externa de razones de la caída, en vez de darse cuenta de una vez de que, el problema, lo han tenido dentro.

 

Pablo Iglesias sigue pensando (y tiene pelotas alrededor que se lo confirman) que él no tiene ninguna culpa. Su concepción personalista de la política no tiene nada que ver con que se hayan ido, hastiados, la mayoría de los que llegaron con él. Pero si hablas con los que estuvieron allá dentro, enseguida te das cuenta de que su mesianismo, su tendencia a colocar en lugar preponderante a sus parejas y su visión paranoica de la realidad han provocado el desmoronamiento. Bueno; eso y el chaletazo. Que, claro, no puedes ser como el líder de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel, que predicaba la castidad y la pureza e iba cepillándose jóvenes y jóvenas mientras les rezaba un padrenuestro.

Pues si has llegado a la política hablando de los parias de la tierra y de la famélica legión, no te puedes poner delante de los parias famélicos, a la puerta de tu chalet, a comerte diez solomillos y no compartirlos.

Pero, oigan, que me desvío y no he hablado casi de la manifestación que se ha convocado para este sábado a las 19 horas en la Cibeles. No sé cuántos Carmenistas van a ir, pero, de momento, lo que han conseguido es que la alcaldesa cambie su ánimo. El domingo estaba con una depre descomunal diciendo que se jubilaba. Y ayer mismo ya aseguraba que estaba dispuesta a pelear. Yo, que soy un defensor a ultranza de que la tercera edad esté activa, me alegro de que le hayan quitado la depre, aunque igual luego la desilusión sea más gorda si, como parece, Martínez Almeida se queda con la alcaldía.

Yo no iré a la manifa. Me quedaré en casa intentando entender a todos aquellos a los que se les llena la boca de democracia y luego no saben aceptar que las urnas, a veces, te dejan de pasmo. O eso, o igual me bajo al garaje de casa con mi kit de forense “Horatio Caine” para analizar unos restos inquietantes que llevo viendo desde hace meses. Es la huella de una mano infantil, que ha quedado como fosilizada en el suelo junto a la puerta de acceso a los ascensores. La primera vez que la vi dije: “Jaja. Ahí se ha caído un niño con la mano llena de mermelada.” A medida que pasan las semanas y los meses la persistencia de la huella me hace pensar de todo.

¿Es cosa divina y tenemos entre nosotros a un nuevo Mesías? ¿Es el anticristo? ¿Le dieron al niño una papilla radioactiva? ¿Vive en nuestra casa el hijo de Johnny Storm? Les animo a opinar para ver si consiguen quitarme la angustia de encima.