ANALGESIA

Probablemente a algún concursante de Gandía Shore o de Mujeres Hombres y Viceversa, esto de la analgesia le suene a marranada; a algún tipo de técnica de sexo vía rectal. Los lectores de la Cabra saben que hablo de la ausencia de dolor.
Porque estamos en la era de la profilaxis y la analgesia. Y ambas cosas están muy bien en el ámbito hospitalario, pero no sé si tan bien en el ámbito de la educación de los hijos. Yo recuerdo de mi infancia escenas verdaderamente crudas de la vida y de la muerte de seres humanos y de animales que les estamos vetando hoy a nuestros hijos no sé muy bien por qué. No digo que sea necesario para la educación ver algo tan cruento como la matanza de un cerdo, o la degollación de una gallina, pero es que los niños de hoy, salvo alguna visita a la Granja Escuela, han visto menos campo que Harrison Ford en Blade Runner. Los niños no saben que hay que matar animales para comerlos, porque hacemos lo posible por quitarles la vista de la muerte en la vida real. Y digo en la vida real porque, en la tele y en los videojuegos se hartan de ver cadáveres fritos a tiros y a bombazos sin inmutarse. Y nos importa un pimiento.
Porque esa es la muerte a distancia. El dolor y el horror envueltos en una mezcla de materiales plásticos. Y lejitos. Y si nos fijamos en nuestras caras frente al televisor, lo vemos todo con cierta frialdad mientras apretamos convulsivamente un botón en el videojuego o mientras tenemos en la mano el mando a distancia para cambiar de canal si lo que vemos en el telediario nos desagrada en exceso. No digo que estemos criando una generación menos sensible. Digo que les estamos robando a nuestros hijos sentimientos, reacciones emocionales y experiencias que nos ayudan a afrontar en mejores condiciones la vida. Y la muerte.
Recuerdo cuando murió mi padre. El empeño que tenían algunas personas en apartar a los niños de la fase final de la enfermedad y del mismo dolor posterior a la muerte. Yo me enfrenté a los que pretendían que mis hijos no tuvieran la oportunidad de ver a su abuelo yéndose y de poder decirle adiós. Aunque, para hacerlo, tuvieran que tragarse las lágrimas e irse a casa con un nudo de angustia en la tripa. Yo les pregunté uno a uno si querían ver a su abuelo en el hospital. Y los tres me dijeron que sí. Y los tres eran perfectamente conscientes de que su abuelo se estaba muriendo y de que no iban a pasar las tardes en una zona recreativa. Pero fueron allí. Y yo les agradecí tremendamente que fueran. Y creo que mi padre lo agradeció también en el alma. Y, cuando murió, mis hijos estuvieron con nosotros en el tanatorio para recibir a los amigos y para despedir a un hombre al que querían muchísimo.
Yo no sé qué recuerdo les queda a mis hijos de aquellos días. No lo hemos hablado todavía. Pero estoy seguro de que están contentos de haberlo vivido así. Sobre todo porque esos días les hicieron darse cuenta de que la vida es maravillosa, pero también es jodidamente dura. Y, desde entonces, no digo que quieran más a sus abuelos, pero sí que los tratan siendo conscientes de que, cualquier día, pueden faltarles. Y son más cariñosos con ellos. Más atentos. Y disfrutan de sus abuelos intensamente como yo disfruté de los míos.
Claro que a veces en esa relación hay que tener cuidado y explicarles a los niños que no todo lo que dicen sus abuelos va a misa. Sobre todo algunas de las cosas que dice mi suegra. Todavía me duelen los abdominales recordando la frase con la que nos obsequió un día de este invierno terriblemente frío. Llegó a casa con los ojos vidriosos, frotándose las manos y quejándose de que ahí fuera se caían los pájaros. Para apoyar su argumentación, mientras se acercaba un pañuelo a los párpados nos dijo a todos: “¡Ay! Es que, con este frío, me gotea el ojete”.
Yo sé que ella no quería decir aquello. Y que el diminutivo cariñoso en “ete”, realmente quería haber sido en “ito”. Pero a mi suegra, que es una mujer moderna, ojito le debió parecer cursi y tiró por el ojete. Con todas las consecuencias.
Y me encanta recordarlo, porque me río mucho. Aunque sé que esto me va a costar un disgusto con ella, que me amenazó con algo peor que la muerte si algún día contaba el sucedido. Pero, lo siento Suegra, esta Cabra me estaba quedando un poco triste y hoy tenía que recuperar también uno de los días en los que más me he reído en mi vida. Y con una abuela de por medio.

29 comentarios en “ANALGESIA

    • Gracias, Belén. Espero que me lo perdone. En el fondo da mucha risa y las cosas que dan risa son buenas. Además, queda claro que es un lapsus linguae, no?…;-) Besos y recuerdos a todos los ginebrinos.

  1. Yo siempre he pensado en lo absurda que es esta sociedad nuestra en que se niega, oculta, tapa, vela la muerte, cuando es lo único cierto que sabemos desde que nacemos.
    No sabemos si seremos felices o infelices, ricos o pobres, con éxito en la vida o sin él, si nos casaremos o no, si tendremos hijos o no. No sabemos nada de nada.
    Lo único cierto es que al final nos moriremos.
    Y es justo para lo que no se nos prepara en absoluto.
    Qué gran absurdo.

    • Gracias, Copi. Absurdo, verdaderamente. Hombre, a nadie le apetece tener un féretro en casa, pero antes, casi todos los velatorios eran en la casa del muerto y ahora nos vamos a esos tanatorios que son como unos hiper especializados en fiambres. La muerte no entra en nuestras casas más que por la tele y así es mucho más difícil aceptarla. En fin, supongo que habrá muchas teorías al respecto; la mía es que prefiero que mis hijos vivan la vida lo más de cerca posible y eso incluye lidiar con la muerte. Un abrazo.

  2. Hola Carlos, que cabra tan buena!!
    Exactamente lo mismo hice con mis hijos cuando mi padre estaba en el hospi bastante fastidiado…vamos, que yo explicaba que el de “Mar adentro” estaba mejor que él…y mis hijos fueron verlo, y aprendieron al ver como su abuelo valiente se enfrentaba a una situacion muy jodida, sin dramas, entendiendo que la muerte es parte de la vida..No es cuestion, creo yo de angustiarles con la enfermedad, sobre todo si son pequeños, pero tienen que saber que morirse es parte de vivir.
    Y lo de tu suegra….la bomba, he soltado una carcajada que se ha dado la vuelta media oficina! divino 🙂

    • Gracias, Marga. Esta noche haremos terapia familiar para ver qué me dicen los niños de aquello. Porque hablamos mucho del abuelo y de los abuelos que gracias a Dios siguen vivos, pero nunca hemos hablado tranquilamente de cómo vivieron ellos aquellos días durísimos. Lo que sí sé es lo que cuento en la Cabra; que, desde entonces mis hijos valoran mucho más a sus abuelos. Y lo de mi suegra, a ver si no se enfada. Anoche se la leí para pedirle permiso y ella misma se tronchaba mientras me rogaba, por favor, que no lo publicara. Pero al final me dio el permiso. Es maja. Un beso.

  3. Totalmente de acuerdo, Carlos! Los niños hoy en día viven de espaldas no ya al campo, a la propia vida. Ajenos a la enfermedad, a la vejez, a lo feo y a la muerte. Las mascotas tienen entre otros beneficios, q sus muertes pequeñas les enseñan a los niños q la muerte existe y que es para siempre, no como en el cine y en la tele. Pero es q la sociedad vive ajena a ello también, como si la muerte no existiera..cuando es la única certeza q tenemos!

    • Gracias, Irene. Yo creo que los niños que viven esas experiencias, al final están mejor preparados para enfrentarse a todo lo que les venga. Un beso.

  4. Como casi siempre, estoy de acuerdo contigo ¡Gracias por tus “cabras”! (aunque casi nunca las comente) Y al hilo de lo que dices te cuento dos anécdotas. Cuando murió el padre de Copi, hace tres años, Sofi tenía seis. Luis estuvo quince días en el hospital, apagándose poco a poco y con la cabeza ya perdida. María había nacido hacía un mes y sus primeras lactancias las pasó entre los pasillos del hospital y la habitación del abuelo, mientas le daban la extremaunción. Dos días antes de morir le dijimos a Sofi si quería ver al abuelo y dijo que sí, pero al llegar a la puerta de la habitación dijo que prefería no entrar. Respetando su decisión dejamos que se despidiera de él con sus recuerdos de seis años. Sí estuvo en el tanatorio y cuando esparcimos sus cenizas en la ría de Ribadeo.

    Hace días murió a los 105 años Madre Teresita, de Buanafuente. Por la tarde fuimos al Monasterio con las niñas, a la misa y posterior entierro. Madre Teresita estaba de cuerpo presente, en el ataúd. María (de tres años) no paró de decir que quería acercarse a la “cunita” de madre Teresita y durante de viaje de vuelta estuvo preguntando sin parar que “por qué estaba allí”, que “por qué hay que enterrar a las personas cuando se mueren”, que “ella no quería morirse” que “si yo me quería morir”, que “por qué dejaba el cuerpo de funcionar”… y un sinfín de preguntas con sus correspondientes respuestas mías y de Copi, que incluso anoche volvió a preguntarme. En definitiva, su primera experiencia sobre la muerte, a los tres años. Como la vida misma.

    • Gracias, Sof. ¡¡No sabía que había muerto Madre Teresita!! Descanse en paz. Lo de Sofi es que debe ser así, que pueda el niño decir qué quiere, pero no hurtarles esa experiencia si quieren vivirla. Lo de responder a preguntas como las de María, ya sabes que es uno de los principales deportes que practicamos los padres. Y requiere a veces la misma energía que un maratón… Besos.

  5. Me he reído con tu cabra Carlos, no sé si tanto como tu suegra pero bastante, jeje

    Yo soy de los que pisan mucho campo con los niños. De los que los llevan a la matanza y de los que les tengo alrededor mientras se despieza un cochino para acabar comiendo, en un bendito momento del día, una sartén de prueba de lo que más tarde serán los chorizos. Te aseguro que les encanta. No viven traumatizados y año tras año reclaman que les levante a las 6 de la mañana para estar listos desde que se mata. Vienen a cazar, ven el animal vivo, ven cómo se despieza y ven al final los filetes en el plato. Para ellos es lo normal. Como para muchos niños de pueblo, pero no de las ciudades.

    Ahora todo son maquinitas y tecnología desde pequeños. Recuerdo un día que mi hija Paloma reclamaba un iPhone como su amiga tal o una BBerry como no sé cuál. Al final le dije, Palomita, tú tienes huerto, gallinas e incluso alguna oveja (que por cierto producen un fantástico estiércol) y se quedó tan contenta. Duró poco, pero en el momento sirvió.

    Respecto a los abuelos, quiero que los disfruten cada momento que sea posible. Que sean conscientes que antes o después se acabará ese lujo de poder vivir junto a ellos y mientras tanto que les cale hondo la sabiduría y experiencia que les transmiten. Y el día que se vayan tendrán que llorar, saber que se han ido para siempre y ser felices valorando lo que han podido disfrutar con ellos en la vida. Por cierto, el otro día nos pedía Carlota el número de teléfono de su abuelita May en el Cielo. No la conoció y quería llamarla para hablar con ella. Maravilloso 🙂

    ¡Cuida los tomates!

    • Gracias Antonio. ¡¡Doy fe de que el estiércol de oveja es el mejor!! Mis tomates progresan muy adecuadamente gracias a esas caquitas ovejunas. Yo siento envidia de los que tenéis la suerte de estar tanto en el campo. Creo que los niños que viven el campo son niños con la mente más natural y más abierta y saben , por lo general, muchas más cosas que los que están siempre en casa viendo la tele o dándole a las maquinitas. ¡¡Qué bueno lo de Carlota!! ¡¡Los niños son geniales!! Un abrazo.

  6. Tú tocas la fibra…..y yo he tocado la tecla que no era y se me ha escapado el comentario a medias.
    Decía que tocas la fibra provocando la emoción o provocando la hilaridad, o ambas al tiempo.
    Estoy muy de acuerdo, sin tener que dramatizar, y sin tener que llevarles de visita todos los fines de semana al cementerio, no debemos hurtarles la vivencia de algo tan común, algo, como ha dicho alguien en otro comentario, que es la única certeza común a todos.
    Además, recuerdo dos velatorios que han sido los momentos en los que mas me he reído, el de la abuela Pilar con los cordobeses contando chistes, y el de tío J. Luis, con sus hijos, esos mismos cordobeses, contando anécdotas con la gracia que les caracteriza y todos con dolor abdominal de tanto reír.
    Ah!!! y sólo una cosa más; espero que el mecanismo anti spam que nos pide resolver una ecuación para saber que no somos una máquina, se mantenga en niveles fáciles como los actuales, no vaya a ser que no podamos publicar por no saber la respuesta 🙂

    • Gracias Javier. No te preocupes que el antispam no pedirá que resolvamos ecuaciones… Sí que se ríe uno en los velatorios. Es que la risa y el llanto están siempre cerca. Y me alegro de que te rías y llores con las Cabras. para eso están. Un beso, miemmano.

  7. Hola Carlos, he leído tu comentario de hoy,…. no me he parado a mirar en ningún sitio que edad tienes,…. yo tengo 58 años, mi padre murió de cáncer el 5 de febrero de 1967, domingo, a las 9:30 de la noche, yo tenia 13 años,…. estaba contándole el resultado del partido del Madrid de ese día… cuando se puso muy malito … y se murió conmigo, con madre y mi abuela que acudieron cuando empecé a llorar….
    Nunca me ha traumatizado ese recuerdo,…. al contrario tuve la inmensa suerte de compartir con él su ultimo aliento…. y ni un solo día de mi vida he dejado de pensar en él.
    Yo creo que se está cometiendo un terrible error con los niños, de hoy y de algunas de las generaciones últimas.
    La muerte es parte de la vida, hay que enseñarles a amar a las personas y debería estar prohibido; bueno prohibido, no , porque no me gusta ninguna prohibición; pero algo debería hacerse para que no crezcan en medio de un escenario en el cual, como dices, se les evita la realidad de la vida y la muerte; y a esta la conocen como algo de videojuego,… donde matan y ven morir totalmente impasibles…. me parece excesivo el nivel de violencia ficticia y escaso el conocimiento de la realidad de la vida que les aportamos.
    Un beso para tu suegra…. y un abrazo para ti por si te llevas un mamporro….
    Pedro.

    • Hola Pedro, gracias. Es cierto que debería poner algo parecido a una biografía en el blog. Soy del 7 de septiembre de 1964.Son curiosas esas experiencias tan duras de las que se guarda un recuerdo a veces hasta bueno. Le daré el beso a mi suegra que, de momento, no me ha pegado. Pero esta noche ceno con ella y estaré atento… Un abrazo.

  8. Yo se de una que recien levantada dijo que tenia los ojetes muy grandes….es americana y confundió ojete con ojeras.
    La verdad es que parece algo infantil pero con esa palabra siempre te echas unas risas. Este blog ha sido mi último descubimiento (la semana pasada) y me encanta!!

    • Jaja. Gracias Mónica. Ya sabes que a los hombres si nos dejan hablar de culos, cacas y pedos nos tronchamos con una facilidad extraordinaria… Bienvenida al mundo cabruno. Un abrazo

  9. Los niños vienen sin manual de manejo; y con ellos hemos tenido, naturalmente, fallos y aciertos. Como estoy ya muy “maduro”, también veo maduros a mis hijos y a mis nietos.

    De hecho, he llegado a estar en el hospital en riesgo serio y me ha alegrado ver allí a todos los míos, componiendo su gesto para no dejar ver su tristeza; pero sí y, sobre todo, su cariño.

    Así que, aunque tu cabra siempre hace revisarse a uno mismo, esa parte del examen (parcial) la he pasado bien.
    Y en lo del campo no hay pega: nosotros somos “más campestres que una amapola”. Así que, cuando quieras ración de campo para los niños, ya sabes dónde me tienes.

    Gracias por tu cabra y un beso a tu suegra.

    • Gracias Padrino sr. Pues no te digo que no vayamos a abusar de vuestro campo un día de estos. Gracias por la oferta y le daré el beso a la Suegra, aunque no sé si me lo tirará a la cara… Pero no creo, tiene espíritu deportivo y encaja bien. Un abrazo.

  10. Complicado tema el de la muerte, una de mis hijas dice que no quiere ir al cielo, y otro que le habian dicho que te morias e ibas al cielo y ahora se ha enterado de que te entierran ¿cuanto tiempooooooo?
    Complicada la explicacion de que te desprendes de tu cuerpo para un niño. Que su cuerpi es sinonimo de su existencia.
    Y personalmente ,pocos sacerdotes dicen cosas que me sirvan en esos momentos, cuando voy a un funeral la frase que mas triste me pone es;” y al final de los tiempos…estaremos todos sentados en el gran banquete….
    El final de los tiempos se ve tan lejano…… Y yo que quieres que te diga , no soy nada de banquetes 🙁
    Asi que lo unico que se me ocurre para consolar a mis hijos ,cuando les entran los miedos ,es que cuando ellos mueran yo estare esperandoles.

    • Gracias Mercedes. Ya son varios los comentarios sobre cosas geniales que han dicho los niños sobre la muerte. Prometo pronto una Cabra recopilando cosas increíbles que han soltado churumbeles de mi alrededor. Se admiten propuestas. Un abrazo

  11. No sé si acabaré de perdonarte algún día el uso literario y excesivo que haces de mi persona. Que sea la última vez ,yerno.
    Lo de la muerte y los niños es un tema complicado . Yo viví emocionada la experiencia de tus hijos ante la muerte del abuelo, y creo que tuvo que ser muy importante y muy educadora para ellos. Y no sé si será fruto de mi imaginación , pero es verdad que desde entonces sentí más su cariño hacia mí, como si hubieran adquirido conciencia de que los abuelos pueden faltar un día no muy lejano.
    En cambio recuerdo mi primera conciencia infantil de la muerte .Fué en el verano, en el pueblo de mi madre, donde acudí no sé con quien al velorio y después al entierro del cura. Por la noche no podía dejar de llorar y repetir :
    “que cuando me muera me enterrarán”…Recuerdo mi angustia y el empeño de mis hermanos en convencerme de que a mí no…
    Y la anécdota de tu ahijado Óscar , que a los cuatro años me preguntó
    -Abuela, cuando te mueres te quedas así…(y se pone rígido con los ojos cerrados) ,pero …¿qué pasa?
    – Que te vas al cielo ..¿no? , ( le contesté no muy segura, porque suponía que esa respuesta ya la conocía )
    Y sin acabar yo de hablar responde: “Sí, pero muerto!!!”
    Y ya no supe qué decir . Por eso, porque es un misterio tan seguro y familiar como incomprensible y difícil de aceptar.
    Y supongo que cada cual elabora el asunto como puede…

    • Jaja. Muchas gracias, Suegra, por el sentido de la deportividad. Es cierto que no debe ser ni calvo ni tres pelucas. O sea, no les quitemos a los niños la experiencia de la vida y la muerte, pero tampoco metamos las cosas con cucharón. Lo de Óscar es muy bueno. Deberíamos hacer una cabra recopilando frases brillantes de los niños. Pablo Motos hacía ago así en El Hormiguero y era realmente ingenioso… Un beso.

  12. Jo, Carlos, despues de venir de la boda de Alfonso y Bea, mas blanda que la mantequilla y con la lagrima en el ojete, me encuentro la cabra ultima q no habia leido todavia y me he emocionado. Si me reencarno me pido tenerte o de padre o por lo menos otra vez cercano en la vida. Eres un crack.
    Me ha dado risa lo de mi querida hermana y me ha recordado a Pepa diciendo un dia: pues me voy a echar unos polvetes y me voy a la calle. Los polvetes eran de la cara, maquillaje, vamos.

    • Jajaja, gracias Cuca. Qué bueno lo de la Pepa. Algún día habrá que hacer una cabra con la enorme cantidad de frases sacadas de contexto que yo tengo en mi colección… Lo malo es que puedo perder varios amigos e incluso mi propio matrimonio… Gracias por lo de crack, pero te garantizo que en el trato corto también tengo mis cosillas malas… Un beso.

  13. Otra vez…….y van unas cuantas. Firmo todo lo que dices . Lo comentaba el otro día en casa y nosotros pensamos y hemos actuado igual con nuestros hijos. Claramente les hemos hecho màs recios y hasta mejores personas. Que bien lo cuentas y como me he reido con lo del “ojete”…….buenísimo.

    • Gracias, Kay. Yo hablaba anteayer con mi hija Macarena (11 años) porque había leído la Cabra y quise comentar con ella el post y aquellos días de hace dos años y medio. Y me dijo que recordaba aquellas tardes de hospital como días de pena, pero felices. Que a ella le gustó ver al abuelo y cantarle villancicos en la habitación y darle un christmas especial que había hecho para él en el colegio… En fin. Lo del ojete casi me cuesta la relación con la Suegra, pero tenía que contarlo… Un abrazo

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